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Tracemos un camino hacia la prosperidad

Los puertorriqueños siempre hemos sido acusados de defender posturas y votar en las consultas de estatus por fanatismo o partidocracia. Esto lo hemos evidenciado a través de estas últimas semanas con el tira y jala de los partidos respecto al próximo plebiscito del 11 de junio.

Sin embargo, tomando esto en consideración nos hemos dado la tarea de formar un movimiento con el fin de educar sobre una alternativa descolonizadora. La Unión Pro Libre Asociación como organización educativa asume la responsabilidad y el reto que conlleva el establecer un movimiento fuera de líneas político-partidistas.

Existen razones fundamentales por las que ahora más que nunca se necesita promover y educar sobre la libre asociación desde las afueras de partidos. Entendemos que la discusión de los temas del futuro de nuestra Isla y su relación territorial no debe ser un tema exclusivo de partidos políticos y menos aún que estos retengan el monopolio del discurso alentando al electorado con el fin de adelantar causas político electorales. Esto va más allá.

Que no se malinterprete, los partidos políticos sí tienen el derecho de enfilar sus cañones hacia la fórmula que prefieran defender, pero todos y todas somos los que al final decidimos en las urnas.

El futuro de Puerto Rico y su camino hacia la prosperidad debe ser discutido por diferentes foros de la ciudadanía y es por esto nuestro empeño de iniciar este movimiento para promover la libre asociación como una alternativa no sólo viable, sino preferible para el puertorriqueño que las demás opciones.

Esto se debe a un sinnúmero de razones:

Sonará ya tan repetido decir “coyuntura histórica”. Los tomos de la historia están plagados de gente anunciando el fin del mundo en su época y la historia continúa.  Sin embargo, para Puerto Rico el lujo de continuar ignorando las contradicciones inherentes ya no es costo efectivo. Ignorar nuestro problema de autonomía nos ha costado.  Ha sido una plaga a nuestro entorno socio-económico y político que nos trajo la deuda, la crisis y la Junta de Supervisión Fiscal. Ahora, nuestra coyuntura histórica nos exige como colectivo renovar nuestros entendimientos hacia un nuevo proyecto de país.

Esto significa, primordialmente, dos cosas.

Primero, nos toca examinar las ruinas del pasado. El lujo de ignorar como para finales de los 60 y principios de los 70 el modelo económico con fecha de expiración que se desarrolló bajo el ELA y quedó expuesto como débil e incapaz de desarrollar un Puerto Rico próspero, hoy lo pagamos con PROMESA. El ejercicio de entender las raíces de nuestros problemas es el primer paso y el único que contundentemente derrotará nuestro conformismo ante el “status quo”.

Segundo, como habrá dicho algún poeta en su tiempo: “Hay que encontrar nuevos caminos a viejos objetivos”.  Ya habiendo estipulado la necesidad del cambio, nos topamos con la necesidad de entender la naturaleza de este cambio. La necesidad de un cambio fundamental se ha rendido ante las fuerzas de los cambios superficiales. Ya tambaleamos a través de estos caminos superficiales y es precisamente su carácter efímero el que nos trae a la crisis.

Refugiarnos en la comodidad del pasado y el presente no es más que declararnos incapacitados e imponer a nuestros hijos e hijas las ruinas que hicimos de las ruinas.

El primer paso que tiene que tomar el pueblo para propiamente decidir su futuro es reclamar su soberanía. Cualquier otro paso nos deja a la merced de que dispongan con nuestros hijos y con nuestra tierra como quieran. ¿Y a costo de qué? ¿Nos jugamos la vida efímera de la dependencia o trazamos un camino hacia la prosperidad?

 

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