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La fiebre no está en la sábana

En su más reciente columna en el Nuevo Día, Mayra Montero vuelve a arremeter contra el Partido del Pueblo Trabajador. Critica que aceptemos el fondo especial de campaña. Su indignación parece dirigirse contra la idea de que las campañas políticas se financien con fondos públicos. Estas son sus palabras: “El candidato a la gobernación por el PPT, Rafael Bernabe, declaró, en cambio, que no renunciaba a que le parearan los fondos por ‘oposición filosófica’. Pues si es por esa clase de escrúpulo (tampoco entiendo qué tiene que ver la filosofía con las almorranas), perfecto, que le exija a Hacienda que le de el dinero y que lo reparta entre los trabajadores que le dan nombre a su partido, que lo van a necesitar, mucho y muy pronto.”[1] La idea de acabar con el financiamiento privado de las campañas políticas no es un invento del PPT. Es una exigencia democrática generalizada por sectores progresistas en todo el mundo. De hecho, el precandidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, el Senador Bernie Sanders, ha planteado como propuesta central de su campaña el financiamiento público de las campañas electorales. Montero defiende lo contrario: se indigna ante la idea de que los partidos reciban fondos públicos para financiar sus campañas. Preguntémonos entonces por qué Sanders en Estados Unidos, el PPT en Puerto Rico, y tantas personas en todo el mundo defienden eso que tanta molestia le causa a la distingida columnista. Supongamos que, como desea Montero, mañana se suprimiera el fondo especial de campaña. La consecuencia sería que las campañas dependerían enteramente de fondos privados. Pero esto tiene tres consecuencias negativas comprobadas:

1. Se aumentan los canales de corrupción. Los fondos privados, las inversiones en las campañas políticas son fuente directa de corrupción, de compraventa de influencias. Buena parte de los esquemas de corrupción en nuestro y en otros gobiernos -desde Víctor Fajardo en los noventa hasta Anaudi Hernández en la actualidad- se relacionan con mecanismos de recaudación de fondos para los partidos a cambio de favores, contratos, nombramientos o legislación. Con los fondos privados se compra y se vende el gobierno. Por eso, nuestro objetivo es sacar los fondos privados del proceso electoral. Eso se logra con el financiamiento público de las campañas políticas. La destacada columnista no ha tomado en cuenta nada de esto.

2. Se garantiza la desigualdad. Se traslada al proceso político la desigualdad económica que caracteriza nuestra sociedad. En lugar de contrarrestar de alguna manera esa desigualdad, se mantiene, se fortalece y se reproduce. Unos partidos, los vinculados a los sectores adinerados, tendrán más fondos y con ello más medios para realizar sus campañas. El resultado de las elecciones seguirá dependiendo, más que nada, de quien tiene más dinero, no de quien tiene las ideas con mayor apoyo. Eso, que ya ocurre en la actualidad, se acentuaría más en el futuro. Una mayor igualdad de recursos entre los partidos que los electores han validado con sus votos o sus endosos se logra con el financiamiento público de las campañas. Esto tampoco ha sido tomado en cuenta por Montero.

3. Se degrada y empobrece el debate. En la medida que algunos partidos tienen menos recursos se hace más difícil que los electores conozcan sus ideas y se hace más fácil que los partidos más ricos evadan sus planteamientos o eviten tomarlos en cuenta. Esto tampoco se ha tomado en consideración cuando se arremete contral el PPT por acogerse al fondo especial de campaña y cuando se condena el financiamiento público de las campañas políticas.

Por eso, si queremos un proceso electoral que sea menos corrupto y más limpio, que sea más justo, equitativo e informado debemos oponernos al rol preponderante de los fondos privados en el financiamiento de las campañas electorales. Pero las posiciones de Montero van en el sentido opuesto: quiere acabar con el financiamiento público de las campañas y hacer que las campañas dependan únicamente de los fondos privados.

Nosotros en el PPT, a diferencia de la admirada columnista, no caricaturizamos las posiciones de las personas con las que debatimos. Nosotros reconocemos que muchas personas se oponen al fondo especial de campaña por la molestia que sienten con los partidos existentes, con la baja calidad de nuestra llamada “clase política” y con el mal uso de fondos públicos. Nosotros compartimos esos sentimientos, pero reconocemos que la fiebre no está en la sábana. Eliminar el financiamiento público tendría el efecto opuesto del deseado: aumentaría la corrupción, la desigualdad y la falta de seriedad en el proceso electoral. Insistimos que el problema no es que haya fondos públicos para financiar las campañas: el problema es el financiamiento con fondos privados. Esa es la filosofía del PPT que la autora caricaturiza con tanta sorna e ironía. Tampoco es tan difícil de entender, siempre y cuando uno quiera entender y no simplemente emprenderla contra los políticos y los partidos en general sin la molestia de tener que estudiar o reflexionar un poco sobre el tema.

Nuestra propuesta ha sido: eliminar los fondos privados de las campañas electorales; reducir a una cantidad razonable el fondo de campaña proveeyendo la mayor cantidad de apoyo en especie. Por ejemplo, por un período determiado de tiempo antes de las elecciones WIPR podría ser un medio en el que cada partido tenga cierta cantidad de horas para llevar sus planteamientos, presentar sus propuestas y realizar debates cada dos semanas sobre temas específicos (salud, educación, economía, etc.), entre otras posibilidades.

Por otro lado, la columna de Montero da la impresión de que el PPT se acoge al fondo de campaña que le permite obtener un pareo de hasta $5 millones luego de recoger $5 millones en contribuciones privadas. Pero eso solo está al alcance de los partidos de los ricos. Un partido como el PPT no tiene posibilidades de recaudar $5 millones. El PPT se acoge al fondo que le permite obtener un máximo de un millón, según lo que pueda recaudar privadamente. En el mejor de los casos, el PPT tendrá el equivalente de cerca de 12% de los fondos que tendrán el PPD o el PNP. Esa es la batalla desigual que tenemos que dar. Eso explica por qué mientras esos partidos literalmente inundan la televisión, la radio y la prensa, nosotros tenemos mucho menos tiempo y espacios para llevar nuestras ideas.

La idea de repartir el fondo entre los trabajadores no puede tomarse en serio. Si nada más tomamos en cuenta los 900 mil empleados, el PPT podría donarle más o menos $1.38 a cada uno. Estamos convencidos que el beneficio que recibirán como resultado de la implantación de las propuestas del PPT superaría por mucho esa cantidad. Todos se beneficiarían mucho más si se reestablece la paga doble por trabajar los domingos o si se aumenta el salario mínimo y se les aplica a los empleados que reciben propinas o si se reducen los impuestos de venta que tienen que pagar, para dar tres ejemplos sencillos. Pero para eso hay que hacer campaña y lograr representación en la legislatura.

La más reciente columna de la reconocida autora continúa la línea de escritos anteriores cuya propuesta general puede resumirse de este modo: el proceso electoral en Puerto Rico es un desperdicio tan horrible de tiempo y recursos que mejor sería suspender las elecciones. Esto, como un desahogo ante la situación del país, pasa. Pero el ataque reiterado al proceso electoral, a las elecciones y a algunos de sus gastos necesarios y positivos (como el financiamiento público) exije que se le tome como algo más que un exabrubto. Así que vamos a tomarlo en serio. Si suspendemos las elecciones, cerramos la CEE y nos ahorramos todo el dinero que eso conlleva hay varias alternativas:

1. Perpetuamos, a falta de otro gobierno electo, la presente administración. No creo que la autora favorezca esa opción.

2. Instaurar una dictadura. Las dictaduras pueden ser más baratas que la democracia, supongo. ¿Será eso lo que se pretende? No creo. Además queda el problema de quién será y como se instalará esa nueva autoridad.

3. Hacer una revolución para crear un tipo distinto de democracia.

Si se trata de lo último yo no tengo objeción. Pero eso requeriría que la autora combine su embestida contra las elecciones con el esfuerzo organizativo que tal perspectiva requiere. Por otro lado, hay que preguntarse si en la actualidad existen las condiciones en Puerto Rico para tal revolución. Si concluimos que no es el caso, incluso desde la perspectiva de ir en esa dirección, es necesario trabajar hoy por cambiar las cosas y para eso hay que utilizar todos los medios, incluso la participación en las elecciones.

En realidad, el análisis de Montero puede resumirse de este modo: el país está en crisis y las causas de la crisis son los políticos, la politiquería, las elecciones y la clase política, etc. Esa es la lógica de la respuesta autoritaria a las crisis del capitalismo: en lugar de arremeter contra las causas económicas de esa crisis se ataca la degradada democracia. Ese es el discurso que se encuentra en Mussolini, Hitler, Franco y Pinochet. Mala compañía. Todos prometían limpiar sus países de los políticos corruptos que los llevaron a la ruina. Muchos se dejaron seducir por ese discurso que se presentaba como enemigo de la corrupción, de la politiquería y de la ineptitud. Las consecuencias fueron terribles. La superficialidad del análisis puede tener consecuencias nefastas. La salida a la crisis exige, no menos, sino más democracia y no debemos permitir que a nombre de atacar la politiquería se haga perder eso de vista.

#NoMasRojoNiAzul

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[1] Cocodrilo

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