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La consulta de status

Puerto Rico enfrentará en los próximos meses una consulta de status diseñada para favorecer la anexión de Puerto Rico a los Estados Unidos (EEUU). Se trata de una consulta no vinculante, amañada y arreglada para crear una mayoría artificial a favor de la anexión. Más bien se puede calificar de una “mega encuesta”, con un costo millonario para las arcas públicas en tiempos de crisis. Esta realidad invalida dicha consulta por ser antidemocrática, además de que no cumple con el derecho internacional público, ya que establece solo dos opciones, y no las tres fórmulas que son internacionalmente reconocidas; la incorporación, la independencia y la libre asociación.

La consulta misma es una afirmación de que la anexión a los EEUU es una quimera y un espejismo.  Se trata de mantener viva la ilusión “estadista” utilizada por un grupo de políticos para ser electos y ganarse la vida de forma procaz. Sería previsible afirmar que aquellos que defienden y promueven la anexión sean sus propios verdugos.

Para nadie es un secreto que, desde la caída del Muro de Berlín en 1989, y el fin de la guerra fría, los EEUU comenzó su desmantelamiento de Puerto Rico junto a una agenda de descolonización. Desde la administración del presidente Bill Clinton, las acciones y las manifestaciones norteamericanas han sido contundentes y claras.

Los EEUU quiere terminar con su colonia, y ya no sabe qué más hacer y decir para que los puertorriqueños den el paso definitivo hacia la descolonización y la soberanía. Lamentablemente, los EEUU no contaban con la capacidad del Colonialismo para suprimir la voluntad y el espíritu de un pueblo. Por ello, la descolonización debe comenzar en cada uno de nosotros con el lenguaje que utilizamos, anteponiendo la razón sobre los miedos y la incertidumbre. Es imperativo que construyamos la confianza y creencia de que no hay nadie mejor que nosotros para gobernarnos y lograr el País de prosperidad, igualdad y felicidad que todos soñamos. Los puertorriqueños hemos demostrado hasta la saciedad lo exitosos y efectivos que podemos ser cuando no intervienen las deslealtades impuestas.

La anexión representa la asimilación y dilución de la nacionalidad puertorriqueña en otra nacionalidad. Esta es la verdad que nadie puede negar. Resulta insólito que los puertorriqueños quieran anexarse a un país que tiene como presidente a Donald Trump y en el que aflora el racismo por doquier. En una nación latinoamericana y caribeña cuyo vernáculo es el español, con una cultura y valores diametralmente distintos a los norteamericanos, y mayoritariamente católica, resulta inaudito que se aspire a ser una minoría cultural y étnica, católica, marginada, discriminada, y pobre de otro país. Igualmente, es una contradicción el querer incorporarse a quien nos ha mantenido inmoral e ilegalmente por más de un siglo como colonia, y es el principal culpable de nuestra crisis social, económica, financiera, moral y política.

Sería una inmoralidad que triunfe la deshonestidad y el engaño. No deben vencer los que diseñaron una consulta de status amañada, trucada, arreglada, manipulada y contraria al derecho internacional público. Si todo el pueblo que NO votó a favor de la actual administración, vota en contra la anexión, damos la sorpresa y avanzamos a paso firme hacia la descolonización al descartar un imposible; la anexión. Puerto Rico tiene la urgencia de descolonizarse hoy, y mientras se mantenga viva la alucinación de la “estadidad” no podremos avanzar.  Estamos ante la gran oportunidad de dar una gran sorpresa votando en contra de la anexión abrazando un futuro soberano y puertorriqueño. ¡Somos más!

El Departamento de Justicia de los EEUU tiene una oportunidad dorada de aclarar a los puertorriqueños que votar por la “estadidad” es votar realmente por la asimilación, el territorio incorporado indefinido por 20 o más años, sin representación olímpica, con inglés e impuestos federales.

Personalmente, y a pesar de su carácter antidemocrático, votaré en contra de la “estadidad” en la consulta. Al mismo tiempo estaré votando contra la trampa y el engaño. Todo esto implica a su vez que votaré por la soberanía para Puerto Rico, no porque tenga la certeza que al siguiente día de asumir la soberanía el País rebozará en progreso y desarrollo, sino porque estoy convencido que sin la soberanía nunca podremos alcanzar el País que aspiramos.

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