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¡No detengan la Rueda de la Fortuna!

 

“El dinero es como el abono: hay que regarlo para que todo crezca y nos beneficie a todos”. Es la sabiduría callejera que reparte la chispeante casamentera del clásico teatral Hello, Dolly!, mujer llena de ingeniosos recursos para solucionar cualquier problema de la vida. Y es que no hay que darle mucho seso a la crisis económica que sufrimos para entender que tanta austeridad con el dinero ha detenido la Rueda de la Fortuna y ésta tiene que seguir rotando para que nos beneficie a todos. En esta rueda todo lo que sube, baja, para luego subir y volver a bajar, porque es una energía cíclica, ¡es circular! Al frenarla, rompemos el equilibrio. Y aquí el problema es que vamos contra leyes universales, porque así como el agua se precipita en la tan necesaria lluvia, también el dinero es una energía que precipita la prosperidad en nuestras vidas. ¡Hay que repartir los recursos para mover la Rueda de la Fortuna!

Dijo un sabio: “No es mas rico aquel que mas bienes materiales posee, sino aquel que menos necesita”. Buen punto de partida para analizar cómo podemos manejar esta energía universal que llamamos dinero. Veamos:

  1. ¿Cuanto dinero necesitamos para ser feliz? Las leyes universales apuntan: “Hay que tener el dinero justo para no tener que pensar en el dinero”.
  1. ¿Donde esta el equilibrio?  “Las necesidades de cada persona son distintas”.
  1. ¿Por qué limitamos nuestra definición de la prosperidad al dinero? Porque éste es la base de nuestras expectativas de crecimiento. Por lo tanto: “La prosperidad es la satisfacción de nuestras necesidades y éstas varían a lo largo de nuestra vida”.

Y la eterna pregunta: si es cierto que en el Universo todo es mente, ¿por qué no podemos precipitar el dinero que necesitamos con la mente?  En la Metafísica, filosofía griega que estudia lo que está mas allá del mundo visible, se habla de afirmar lo que deseamos para materializarlo porque todo es energía y la energía se transforma. Debería ser así con el dinero también, pero no lo es. ¿Por qué no?

Al parecer, el obstáculo lo ponemos nosotros mismos con la mala relación que hemos desarrollado con el dinero. Es una contradicción: nos sentimos culpables por tenerlo y tenemos miedo a perderlo. Las personas hablan de sus mayores intimidades pero no de cuanto ganan o cuanto dinero poseen. Bajo el pretexto social de que “hablar de dinero es de mal gusto”, subyace el miedo. Es una programación cultural de muchos siglos que no se cambia fácilmente. Si bien es cierto que hay miedos necesarios para la supervivencia, también no es menos cierto que estamos llenos de miedos inútiles, como son el miedo al fracaso, a la muerte … a la vida misma.

Tal vez enfrentando a este miedo al dinero logremos volver a poner en marcha la Rueda de la Fortuna.

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