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De la explosión al buen día emocional

La explosión fue tan fuerte que resonó por todo el casco urbano aguadeño. Tan intenso fue el estallido que hasta en el Parque de Bombas lo escucharon, y la distancia es considerable. A los minutos salió reseñando en las redes sociales, aún sin saber qué había acontecido ni de dónde provenía. Más adelante, un portal noticioso daba cuenta del incidente. Los vecinos acudieron al rescate porque la explosión vino acompañada de un amplio destello de fuego.

Todo esto ocurrió en la casa de mis padres, cuando explotó su planta generadora de electricidad, en un accidente que nos provocó gran susto. Afortunadamente, no hubo incidentes humanos, ni perrunos que lamentar.

Sucede que papi, quien en sus tiempos laborales fue supervisor del Departamento de Electricidad de la otrora Central Coloso, de Aguada, con frecuencia encendía la planta para corroborar sus funcionamientos, como lo establece el procedimiento de mantenimiento de esos aparatos. La generadora tiene su propia y amplia estructura de cemento que colinda con la casita de la perrihermanita, la labrador Kanela Dakota Rosa Vélez. De manera que, fue extraordinario que luego de prenderla, papi y su mascota,  se alejaran del área. Igualmente, que mami, quien también hace diversos quehaceres en el patio, estuviera lejos de la explosión.

El evento ocasionó pérdidas materiales porque los proyectiles dañaron las ventanas frontales de la residencia y hasta doblaron las rejas de acero. Sin embargo, eso no fue nada en comparación con la gran dicha de que los seres amados estaban con bien.

Cuando llegué a la residencia de los padres, ya se habían marchado los bomberos, paramédicos y el personal de manejo de emergencias. Para aliviar la gran tensión, y sacarlos del contexto del accidente, les invité a comer. Nos fuimos en comparsa familiar a un centro comercial aguadillano que cuenta con varios establecimientos de comida. Hablamos, compartimos, comimos y, después de un tiempo de recalibración, caminamos por los pasillos.

Fue así que descubrí una librería que había inaugurado recientemente en el lugar. Al entrar, de manera casi instantánea, vi el libro Buenos días, inteligencia emocional de la doctora Emilia Concepción, psicóloga puertorriqueña. Lo adquirí, esa misma noche comencé a devorarlo, y le escribí un correo electrónico a la autora para agradecerle por el maravilloso texto, ya que sentía que ella misma estaba conversando conmigo. Sirvió de bálsamo emocional para sobrellevar el susto y los entuertos mentales de los panoramas que nos esbozamos, justo cuando acabamos de experimentar una explosión. ¿Casualidad o cuasalidad? Lo cierto en que, en esa ocasión, el abrazo vino en forma de libro. Más adelante, conocí personalmente a la doctora Concepción, ya que la invité a presentar su texto en el Recinto Universitario de Mayagüez.

En nuestro día a día, experimentamos un sinfín de situaciones que podrían asemejarse a una explosión emocional: conflictos en el trabajo, problemas financieros, situaciones familiares, un ventarrón, sin contar con los imprevistos, como una explosión literal, un accidente, una pérdida, entre otros. Para trascender de la explosión a un buen día emocional es imperativo desarrollar nuestra conciencia emocional. La doctora Concepción la define como “el proceso de evaluar periódicamente y durante el día cómo te sientes, qué eventos influyen en tu humor o cambios de humor y analizar cómo responder a ellos”. Puntualiza que se trata de “aprender a identificar cuál es tu estado emocional de manera más activa”. Esto permitirá, a su vez, “elevar tu experiencia y sabiduría” para así responder con más aplomo a las explosiones que se nos presenten.

La inteligencia emocional es imperativa para manejar la plétora de emociones que nuestra humanidad abarca. Me encanta como la doctora Concepción define el término al indicar que: “la inteligencia emocional significa ser abierto(a), real y honesto(a) con respecto a tus sentimientos y emociones. El aspecto positivo de la inteligencia emocional es que puedes mejorarla, cambiarla o modificarla de manera continua”.

Muchas personas manejan los eventos explosivos de la vida, al evitar cualquier cosa que les recuerde ese incidente. Es importante tomar el espacio y el tiempo para entender las emociones y gestionarlas. Mientras más nos sintonicemos con nuestras respuestas emocionales, incrementaremos nuestra conciencia emocional, lo que a su vez mejorará nuestra inteligencia emocional. Algunas veces se tratará de un ejercicio que, muy bien, podemos hacer solos con nuestro yo. En otros casos, necesitaremos ayuda profesional y no debemos dudar en dar los pasos necesarios para obtenerla y continuar la ruta del mejoramiento personal.

No olvides: La inteligencia emocional construye puentes, edifica relaciones, aleja el conflicto, nos hace mejores. ¡Practícala!

Mis padres superaron el inmenso susto de la explosión y meses después, adquirieron una nueva planta generadora que, en los tiempos de María, resultó ser una gran bendición para toda la familia. Tú también puedes sobreponerte de las explosiones emocionales que te depare el complejo diario vivir. No desmayes, el buen día llegará, llegará.

 Arte Kaliany Serrano Viera

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