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Una epifanía a la vez

Un momento epifánico que tuve en el 2013 me guió hacia la ruta de la inteligencia emocional. Todo se fue dando paso a paso, una epifanía a la vez. Sucede que luego de participar como ponente en un congreso de Psicología Organizacional e Industrial, en el que presenté el tema de mi disertación doctoral relacionado con el acoso psicológico (bullying) en el contexto del trabajo, me fijé en un libro que estaban vendiendo en una mesa.

El título Atrévete: Secretos del coaching para transformarte y expandirte, llamó mi atención y antes de llegar a mi casa ya estaba conectada con la lectura. La autora, la psicóloga argentina Lidia Bequer, aborda los beneficios de la Ontología del Lenguaje. Según explica, esta práctica utilizada en el coaching, “destaca que el lenguaje nos constituye como personas: nos creamos a nosotros mismos a través de él y producimos una nueva realidad”. Añade que “el lenguaje nos permite crear nuestra manera de ser, constituyéndonos en el tipo particular de personas que somos, más allá de los condicionamientos biológicos, históricos y sociales. Por medio de él, le damos sentido a nuestra vida, nos interpretamos a nosotros mismos y al mundo”.

Este texto, que no he cesado de leer desde ese entonces, me motivó a explorar completar algún tipo de certificación en Coaching con un interés particular en conducta organizacional. Sin embargo, para mí, Mariam Ludim Rosa Vélez, no me parecía prudente hacerlo, sin tener una base en la disciplina de Psicología. Ya he perdido la cuenta de los años universitarios que he estudiado, pero nunca había tomado un curso de Psicología, sí muchísimos de conducta organizacional. Así que decidí reingresar como estudiante en mi alma mater, el antes, ahora y siempre ¡Colegio!, el Recinto Universitario de Mayagüez (RUM), institución en la que laboro como directora de la Oficina de Prensa. Desde entonces, soy oficialmente alumna del Departamento de Psicología, lo que siempre llama la atención entre mis compañeros de clase.

Una de mis clases, ya en el 2015, fue Psicología de Inteligencia Emocional, que dictó la doctora Lizzie García Pabón. Era la primera vez que se ofrecía el curso en el RUM y ¡me apasioné con el tema! Tanto que, en colaboración con los estudiantes del curso, lanzamos una exitosa campaña de servició público en WORA TV, televisora con sede en la Sultana del Oeste. Luego, en colaboración con García Pabón, y como iniciativa de algunos estudiantes del curso, creamos la Alianza de Inteligencia Emocional (AIE), asociación estudiantil cuya misión es promover este importante tema y sus aplicaciones en nuestro diario vivir. Queremos ser multiplicadores de este concepto que aspiramos se convierta en un estilo de vida en el que podamos tener las herramientas para manejar nuestras emociones. Por eso, me autoproclamé evangelizadora de la inteligencia emocional.

Tras el paso del ventarrón, que nos trastocó como isla, al palpar el desasosiego existente en el país, escribí dos columnas para este rotativo dedicadas al asunto. Una de ellas titulada La inteligencia emocional después del huracán, la otra Optimismo realista para reconstruir a Puerto Rico. Al ver mi interés por el tema, los editores de la sección de columnas, me invitaron a participar como bloguera de El Nuevo Día.

Camino esta nueva etapa de la mano de la talentosa artista Kaliany Serrano Viera, también integrante de la directiva de la AIE, quien ilustrará mis escritos con una serie de dibujos originales para este blog.

Les invito a que me acompañen en este diálogo que representa un peldaño más en mi transitar bloguero. Como indica el estribillo de nuestra campaña: “La inteligencia emocional construye puentes, edifica relaciones, aleja el conflicto, nos hace mejores. ¡Practícala!”

Asegura Bequer: “a través de la palabra generamos acciones, creamos nuevas realidades”. Al declarar la inteligencia emocional y activar la intención de manejar tus emociones positivamente, te aseguro que, paso a paso, una epifanía a la vez, te convertirás en una mejor persona. Implica un balance entre el corazón y la razón, ambos deben pedalear rítmicamente como si estuvieran paseando en una doblecleta.

Quién diría que un libro sobre una mesa, que me susurró diciéndome que le llevara conmigo, abrió la puerta hacia esta serie de eventos que me permiten hoy contarles las crónicas que ocurren en esta ecología emocional.

Arte Kaliany Serrano Viera

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