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Deshojando margaritas

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Como el ave fénix

Dicen que después de la tormenta llega la calma…pero a veces los aires de paz tardan en aparecer. Aunque el lunes se desintegraron los vientos huracanados de Irma, aún quedan los rezagos de uno de los ciclones que probablemente quede en la memoria de los puertorriqueños por muchos años.

Además de árboles caídos y carreteras impactadas, el efecto mayor en la Isla ha sido la cantidad de personas que se quedaron sin el servicio de energía eléctrica y/o de agua potable a causa de la tormenta.

En lugar de un “Hola, ¿cómo estás?”, el saludo en estos días ha sido: “¿Tienes?”, “¿Te llegó?”.

Y no es cualquier cosa lo que se espera, sino uno de los servicios básicos y más imprescindibles en la vida desde sus pininos en el siglo 18, tras experimentos realizados por Benjamin Franklin y otros científicos que siguieron perfeccionando la idea hasta que Thomas Alva Edison inventó la lámpara incandescente en 1879.

Más que un lujo, la electricidad ya se ha convertido en una necesidad que conecta las comunicaciones, la transportación y otras ramificaciones de la vida moderna.

Por eso es que muchos sufrimos tanto al quedarnos desprovistos de estos servicios. Poco a poco, sin embargo, empleados de la Autoridad de Energía Eléctrica han logrado ir desganchando ramas y reconectando las líneas caídas y averiadas, aunque aún quedan miles de personas sin luz en los llamados “bolsillos”. De igual forma, empleados de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados hacen lo propio para que llegue agua a los grifos de los hogares que aún no cuentan con este otro también imprescindible servicio.

“Es que ya son muchos días”, me dijo una amiga que aún no tiene luz en su casa, al igual que otra amiga que tiene 35 semanas de embarazo y ha pasado las de Caín al también estar sin energía eléctrica. Y ni hablar de los pacientes de enfermedades crónicas que han hecho malabares para mantener los medicamentos que necesitan tomar diariamente refrigerados y de otras penurias que han sufrido envejecientes, personas encamadas, bebés y otras poblaciones vulnerables.

Pero la vida está llena de contradicciones…

Mientras para la mayoría de los residentes de Puerto Rico esos son los sufrimientos mayores que vivimos, hay personas en las Islas Municipio de Culebra y Vieques, Loíza, Canóvanas, Utuado, Adjuntas y otros pueblos que sufrieron el impacto mayor del Huracán Irma en sus hogares. Más allá de estar sin agua ni luz, hay personas y familias que se quedaron sin techo y lo perdieron todo. Incluso hay escuelas que no han logrado reponerse del castigo de la tormenta.

Y, a escasa distancia, el panorama de vecinos residentes en islas hermanas es aún peor, uno totalmente devastador que lamentablemente también provocó pérdidas de vida. Y en el estado de la Florida, donde viven miles de puertorriqueños, también hay damnificados del huracán que aún no se han recuperado de la tormenta.

Afortunadamente, muchos han respondido al pedido de ayuda que el gobierno, organizaciones no gubernamentales y ciudadanos privados han impulsado para coordinar tanto el refugio de damnificados como la distribución de productos y materiales que los ayuden a sobrevivir y a reconstruir sus hogares.

De eso se trata la vida. Unos deben vestirse de paciencia para soportar incomodidades mientras continúan sin luz y/o agua. Otros están prácticamente empezando de cero, reconstruyendo sus hogares y tratando de recobrar sus vidas. ¿Cuanto tardarán ambos en volver a la normalidad? Solo el tiempo dirá. Mientras tanto, si puede y le nace del corazón, asista al prójimo que como el ave fénix intenta levantarse de las cenizas, llevando ayuda o regalando de su tiempo como voluntario en alguno de los numerosos centros de acopio que se han creado.

¡Hablamos pronto!

 

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