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Deshojando margaritas

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Seamos civiles

No, los puertorriqueños no somos ni ladrones ni sucios. Hace unos días se publicó una noticia que informaba que el famoso columpio de Ceiba, ese colocado cerca de uno de los muelles de la antigua base Roosevelt Roads y del cual colgaba una bandera de Puerto Rico, ya no estaría disponible para los ciudadanos y turistas que llegaban al lugar para disfrutarlo y tomarse fotos. ¿La razón? La cantidad de basura que se había acumulado en el área, una que parece haberse salido de proporción en verano a pesar de constantes esfuerzos de residentes de este pueblo costero que visitaban periódicamente el lugar para mantenerlo limpio.

La esperanza se asomó cuando, al día siguiente que se publicó la noticia, un grupo de ciudadanos se movilizaron y limpiaron el área. El alcalde de Ceiba, Angelo Cruz Ramos, incluso manifestó que estaba dispuesto a volver a colocar el columpio si recibía la cooperación de la ciudadanía para el recogido de basura.

Ese mismo día, sin embargo, se divulgó otra noticia que daba a conocer del cierre de una finca de girasoles en el barrio Palmarejo, de Lajas, esa que múltiples personas parecen haber visitado recientemente según consta en numerosas fotografías que han circulado por las redes sociales de personas sonriéndole a la cámara mientras sujetaban uno o varios tallos de esta majestuosa planta de flor amarilla. ¿Por qué cierra la finca? Resulta que EJA Dairy, la empresa que los sembró, decidió esconder su belleza en otros terrenos para detener el robo de la flor, hurtos que parecen haberse convertido en algo constante, tanto por adultos como niños, a pesar de que los girasoles de esta finca no eran para fines decorativos o la venta comercial, sino materia prima para un experimento que realiza la empresa agrícola. “Girasol forrajero, no cortarlos”, incluso leían algunos letreros colocados en la finca para pedirle al público su cooperación, aparentemente en vano.

Confieso que personalmente no he visitado ninguno de estos dos lugares, pero me dio mucha rabia leer como el mal comportamiento de algunos opacó el disfrute de todos de ambos lugares. La basura acumulada en el famoso columpio de Ceiba podríamos atarla a como diariamente se generan en Puerto Rico un promedio de 8,500 toneladas de desechos. Gran parte de la materia que llega a los vertederos del País, sin embargo, no son desperdicios sino materiales reciclables y otros que pueden usarse como composta.

El sociólogo Manuel Torres Márquez comentó hace un tiempo como, por lo general, el puertorriqueño es muy limpio en su hogar pero cuando sale de su casa no suele comportarse igual en lugares públicos. A su juicio, este comportamiento denotaba el “poco civismo” de la población, rasgo que, según dijo, antes nos identificaba como pueblo y destacaba en nuestra personalidad cultural.

Sobre el robo de los girasoles, ¿podríamos de forma apresurada concluir que se trataba de cleptómanos o personas que sufren de un trastorno que los lleva al robo compulsivo de cosas accidentalmente, es decir, sin intención de tomarlo? Me parece, sin embargo, que se trata simplemente de falta de educación, de no saber seguir las reglas, en esencia, de falta de civismo, como dijo Torres Márquez. Y “pagan justos por pecadores”.

Convivamos sin faltas de respeto, sin señalamientos que lamentar.  Ya el buen ejemplo comenzó con los ceibeños que limpiaron los desperdicios tirados por otros. No le hagamos al vecino lo que no queremos que otros hagan en nuestro hogar. Que se sepa que los puertorriqueños somos limpios y honestos.

 

¡Hablamos pronto!

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