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La casita capitalista de Rubén Berríos

Los fake news protagonizan la discusión pública en Estados Unidos tras las elecciones de 2016, pero casi nadie habla de su impacto en Puerto Rico.

La semana pasada, un pariente me envió una foto de “la casita capitalista” de Rubén Berríos en Winter Garden, Florida. “Será posible!!!” exclamó mi pariente, que le llegó a través de otro pariente menos diestro en tecnología. Lo más preocupante fue que les llegó dos semanas después de que el PIP emitiera unas declaraciones desmintiendo la noticia.

No fue mi primer encontronazo con un fake news criollo. En octubre me pasmaron con una noticia de que Juan E. Hernández Mayoral se hizo disponible para trabajar con Ricardo Rosselló si ganaba las elecciones. Ese mes también reseñaron —y me creí— que Ednita Nazario había endosado a David Bernier.

Para entender cómo surgen los fake news y por qué se propagan efectivamente, hay que entender la dinámica de las redes sociales.

Muchos usan las redes sociales como fuente de noticias. En Estados Unidos más de un tercio de la población consume noticias a través de Facebook. En Puerto Rico, según un sondeo de SME Digital, 86% de los usuarios de internet usa la red social, que también es la página internacional más visitada.

Las redes sociales crean echo chambers. Los usuarios generalmente interactúan con páginas y publicaciones que reflejan sus puntos de vista. Facebook mide este comportamiento tras bastidores, y le presenta al usuario publicaciones que probablemente le interesen. Esto crea una burbuja donde las personas tienden a solo ver publicaciones ideológicamente afines.

Por ejemplo, imagínate que abres una cuenta en Facebook. Le das like a las páginas del PPD y Héctor Ferrer. Le das share a las publicaciones de estas páginas. Le das click a las noticias de El Nuevo Día que mencionan al PPD o a Héctor Ferrer. Facebook se percata de tu comportamiento y pondrá más noticias del PPD y Héctor Ferrer en tu news feed. Y si ignoras todas las noticias de Ricardo Rosselló, o peor aún, le das “Hide”, verás menos noticias de Ricardo Rosselló.

Cuando creamos estos filtros artificiales, nos aislamos de opiniones disidentes y nos polarizamos. Eso nos hace más vulnerables a publicaciones “hiperpartidistas” y falsas diseñadas para confirmar nuestras creencias pre-existentes. Y esa es la clave del éxito de una noticia falsa.

La mayoría de los puertorriqueños se opone a la independencia y automáticamente al PIP. El prejuicio contra Rubén Berríos facilita creerse una noticia que lo proyecta como un hipócrita.

Asimismo, muchos tildan a los Hernández Mayoral de ser “estadistas light”. Este prejuicio facilita creerse una noticia de que Juan Eugenio estaba dispuesto a trabajar con Rosselló.  Y en el caso de Ednita, dado que había grabado un jingle del PPD en 1976, muchos creímos sin reserva que endosó a Bernier.

El portal Buzzfeed descubrió que las páginas hiperpartidistas que producen fake news tienen más seguidores que la prensa tradicional en los Estados Unidos. Y mientras el 95% de los artículos publicados en la prensa tradicional contienen información verídica, solo la mitad de los artículos en páginas hiperpartidistas son mayormente verídicos.

El problema en Estados Unidos fue tal que entre agosto y las elecciones de 2016, las noticias falsas tuvieron 1.4 millones más interacciones en Facebook que las noticias verídicas. ¿La noticia más popular? Que el Papa Francisco endosó a Donald Trump.

Al ser Estados Unidos una nación con más de 175 millones de usuarios en Facebook, hay potencial económico en administrar una página de fake news. Pautan anuncios en la página y cada visita les genera ingresos. Compañías como Google se han comprometido con desmantelar esta práctica, pero todavía no han sido exitosos.

En ese sentido, Puerto Rico es diferente. Administrar un portal de noticias falsas es menos lucrativo porque no puede generar tanto tráfico como en Estados Unidos. Para una página de internet genere ingresos, tiene que recibir miles de visitas, y eso es cien veces más fácil en Estados Unidos.

Asimismo, somos menos propensos a crear burbujas en Facebook porque no estamos tan fragmentados como en Estados Unidos. Allá el perfil liberal y conservador tiene diferencias marcadas —desde qué programa de televisión ven hasta qué tipo de cerveza consumen. En Puerto Rico, los populares y penepés tienen los mismos intereses y composición demográfica según la data disponible.

No obstante, aunque el problema no sea tan serio como en Estados Unidos, existe y debemos resolverlo.

Como ciudadanos podemos ser más responsables y abiertos. No compartamos noticias de medios desconocidos. Sigamos e interactuemos con páginas y publicaciones que son ideológicamente adversas para evitar que Facebook nos fabrique una burbuja. Tratemos al adversario con más respeto y menos mofa para no alimentar la polarización ni el aislamiento.

Si solo consumimos noticias que corroboran nuestra manera de pensar y silenciamos a los que difieren, ya sea pasivamente con un “hide” o activamente con insultos, estamos fallándole a nuestra democracia.