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El fenómeno de Lúgaro y Cidre

La frustración con los dos partidos principales explica superficialmente el auge de Alexandra Lúgaro y Manuel Cidre. Esta frustración es vieja. Hay razones más profundas que separan sus candidaturas de otros partidos emergentes en elecciones anteriores, como el de Hernán Padilla y Rogelio Figueroa. Estas razones incluyen la duración de la crisis, las posturas sobre estatus, el estilo de straight-talk y las redes sociales.

La recesión económica ha durado tres gobiernos—uno compartido, uno penepé y uno popular. Por primera vez, los dos partidos principales han fallado arreglando la economía consecutivamente. Antes la economía se contraía, el gobierno cambiaba de partido y la economía se recuperaba.

Obviamente, la economía se recuperaba por razones más complejas que el mero cambio de partido—pero se recuperaba. Esto pasó en 1976 y 1984, por ejemplo. Esta coincidencia alimentaba el sentido común de que si cambiaba el partido, cambiaba el rumbo económico.

Ahora es diferente. El gobierno ha cambiado tres veces y la economía sigue contrayéndose. Para 22%, esta realidad ha trastocado el comportamiento histórico de votar por el otro partido para resolver el problema.

La Junta de Supervisión Fiscal también beneficia a los candidatos independientes porque le resta méritos al voto útil. ¿Qué de malo tiene que Rosselló, sin experiencia ni capacidad demostrada, sea gobernador, si la Junta corregirá sus novatadas? La contra respuesta a esto, como he dicho, radica en la 245A, que el PNP rechaza y el PPD respalda.

Otro factor que distingue a Lúgaro y Cidre de otros candidatos emergentes es su neutralidad sobre estatus. De los ocho partidos emergentes que han competido desde 1972, cinco se han identificado con el soberanismo y tres han sido neutrales. Los tres neutrales, el PRP en 1984, PPR en 2008 y PPT en 2012, han lucido mejor que los soberanistas.

Irónicamente, también les beneficia la neutralidad ideológica de David Bernier, quien se ha distanciado del ELA y acercado a la estadidad. El académico Noam Lupu ha estudiado el colapso de los partidos políticos y concluido que los partidos arriesgan su vida cuando su marca se diluye y fracasan gobernando. La marca se diluye cuando los electores no saben lo que el partido representa. Su teoría ayuda a comprender el deterioro del PPD, que sacó 28% en la última encuesta, lo peor que ha salido en la encuesta de octubre.

La marca del PPD lleva años diluyéndose: el partido autonomista, anti-estadista, de buen gobierno y vergüenza contra dinero ya no defiende el ELA, propone mecanismos pro-estadidad como el referéndum sí o no, gobierna “mal” según la mayoría y está manchado por la corrupción. Al diluirse la marca, los populares se identifican menos con su partido, y durante una crisis como la actual se sienten cómodos abandonándolo. El PNP se ha dado cuenta y corre anuncios con eso en mente. Para el PPD, fortalecer la marca debe ser un proyecto a largo plazo.

En cambio, la marca del PNP sigue fuerte: la estadidad. Por eso los penepés tienen más afiliados y se mantienen fieles a su partido. Eso podría explicar por qué Bernier bajó 7% y Rosselló bajó solo 2% en el auge de los independientes.

Para mí, lo más atractivo de Lúgaro y Cidre es el estilo de straight-talk. Lúgaro se atreve a decir que apoya legalizar la marihuana, ampliar los derechos LGBTT, consolidar recintos en la UPR, despedir empleados públicos y otra gama de posturas tabú. La gente que la respalda no necesariamente la respaldan porque coinciden con ella, sino porque respetan su honestidad y valentía.

Este estilo de straight-talk es efectivo en la era de las redes sociales. Contrario a partidos emergentes anteriores, estos candidatos independientes usan las redes sociales para sobrepasar el filtro de la prensa y construir una base de apoyo.

Antes la prensa era el único medio que cubría a los candidatos. La prensa funciona como un filtro al cubrir los candidatos que desea. Esto crea un círculo vicioso donde ningún partido emergente puede alcanzar a los principales porque nadie los cubre. Y nadie los cubre porque no podían alcanzar a los principales.

Pero ahora, la gente puede seguir a un candidato en las redes sociales y sobrepasar el filtro de la prensa. El candidato puede comunicarse con los electores sin intermediarios y presentar su lado más humano. Esto crea una conexión fuerte con sus seguidores. Y si el candidato inspira, se vuelve viral y aumenta sus seguidores. Así surgió Alexandra Lúgaro, cuyo video reaccionando desde una camilla a la última encuesta lo vieron más de 300,000 personas.

En el pasado he analizado por qué ningún partido o candidato emergente ha podido desplazar a los dos partidos tradicionales. Las condiciones que enumeré no son suficientes ni necesarias, pero son relevantes. Lúgaro y Cidre no las satisfacen. Dado el fenómeno del voto útil, conocido como Duverger’s Law, su respaldo probablemente colapse de aquí a noviembre—especialmente porque son suficientes para derrotar a Rosselló votando por Bernier.

Lúgaro y Cidre no son candidatos infalibles. Tienen negativos que no se discuten porque no son candidatos principales y nadie los ataca. Aun así, hay que reconocerles mérito. Cuando analicé el segundo debate, dije que “ojalá los candidatos independientes sorprendan en las encuestas para que le enseñen a los candidatos principales que la autenticidad y la valentía es una estrategia moralmente correcta y políticamente efectiva”. Ya sorprendieron. Ahora esperemos que los candidatos principales aprendan.

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