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Los Bernie Brokis

En Estados Unidos le llaman el “Bernie Bro”; en Puerto Rico serán los Bernie Brokis. Son fanáticos irrespetuosos e irracionales de Bernie Sanders. No representan al candidato ni a la mayoría de sus seguidores. Son las manzanas podridas de su campaña, que ha tratado de distanciarse de ellos. Pero no le han hecho caso en Estados Unidos. Y parece que tampoco le harán caso en Puerto Rico.

Hace una semana, lancé una puyita contra los independentistas que fueron a la Fundación Luis Muñoz Marín a escuchar a Bernie. Me pareció irónico porque es la Fundación de Luis Muñoz Marín y porque es un candidato a presidente de los Estados Unidos. Tuitié una pregunta retórica: ¿cómo se sienten? Para enfatizar que era un chiste, hasta lo adorné con dos emoji.

Reaccionaron como Donald Trump. Reproduzco los insultos como ilustraciones, aunque no es mi estilo hablar así. “Igual que tú cuando te enteraste que tu papá tuvo un hijo fuera del matrimonio”.  “Y no olvidemos la chillería y los ataques de cuernos de Cuchín con Sila”. “Solo un pen…como este apoya a una embustera como Hillary”. Otro dijo que un pariente “salió pu… con co…”

Los Bernie Bros son personalistas y no toleran la disidencia. Si apoyas a Hillary, eres ignorante. Vendío. Tramposo. Establishment. Si eres mujer, estás pensando con tu vagina.

Ni Ricky Martin se salva. Hará un concierto a favor de Hillary en California, y en Twitter ya un Bernie Broki le cuestionó, “Ricky, ¿qué pasó? Antes eras chévere”.

Para los Bernie Bros, contradecirse es chévere. Cuando ganan primarias es porque son mayoría, y cuando pierden es porque le robaron la elección. Protestan que los superdelegados son antidemocráticos—y lo son—pero celebran los caucuses, que también lo son. Cuando Bernie pierde por poco es un empate, pero cuando gana por poco es un triunfo. Acusan a los medios de odiar a Bernie, a pesar de que Hillary es la candidata con la peor cobertura mediática en estas elecciones.

En Puerto Rico, los Bernie Brokis se contradicen también. Dicen que Hillary es mala porque su esposo—no ella—eliminó la 936. Pero Bernie es bueno a pesar de que votó a favor de eliminarla. Dicen que Hillary es mala porque supuestamente dijo en una reunión privada que el Congreso tiene poderes plenarios sobre Puerto Rico. Pero Bernie es bueno a pesar de que votó por el Proyecto Young que decía lo mismo. Dicen que Hillary es mala porque solo ha venido a Puerto Rico tres veces. Pero Bernie es bueno a pesar de que solo ha venido una.

La hostilidad de los Bernie Bros preocupa. Recientemente en Nevada, donde Hillary ganó en febrero, amenazaron de muerte a la presidenta del Partido Demócrata. También amenazaron a su familia—hasta sus nietos. “Sabemos dónde estudian”, le dijeron en un correo de voz. En la asamblea, lanzaron sillas y abuchearon oradores.

Su hostilidad se extiende a las redes sociales, donde dominan. John Oliver, comediante liberal, se burló de esto el domingo. Explicaba que Hillary aventajaba a Bernie por tres millones de votos, a pesar de los superdelegados y los problemas del proceso primarista. De repente gritó a la cámara, “y los oigo, simpatizantes de Bernie, los oigo escribiendo en sus teclados ahora mismo que me veo como un tucán molesto financiado por $hillary, pero eso no lo hace menos cierto”.

Los Bernie Brokis reaccionan a los hechos matemáticos con la misma hostilidad. Hace un mes, Jay Fonseca dijo que la matemática impedía que Bernie ganará la nominación. Necesitaba como el 60% de los delegados restantes. (Ahora necesita más.) Horas después, Jay estaba respondiendo “a todos los que me insultan por este post”. Lo acusaron de ser fotuto de Hillary. Le predicaron, “Joven Jay, el problema son los medios y quienes le hacen eco”. Lo llamaron “hombre de poca fe”. Otros hablaron de él como si hubiera muerto, “este Jay tan bueno que era”.

Todavía estoy descifrando este comentario que le dejaron: “no importa si Hillary saca más delegados, Sanders será el nominado”. Yo soy estadolibrista y entiendo posturas que aparentan ser contradictorias, pero aquí me cogieron.

Aun así, la reacción a la publicación de Jay no sorprende porque la creatividad matemática de los Bernie Bros es famosa. El portal CollegeHumor publicó un video satirizando la matemática de los Bernie Bros. Enseña un joven estudiando de un libro llamado Bernie Math. Entra su amigo, un Bernie Bro, y el estudiante le pide ayuda. El Bernie Bro explica una ecuación absurda y conveniente sobre cómo Bernie puede alcanzar a Hillary. El estudiante protesta que carece sentido. El Bernie Bro lo acusa de simpatizar con Hillary. Le pregunta si su burbuja neoliberal lo ciega. Finalmente, lo acusa de odiar a Bernie.

No se trata de odiar a Bernie, sino de odiar el fanatismo. El fanatismo contamina la política. Sí, los políticos siempre han tenido fanáticos. Pero hay fanáticos y hay fanáticos. Los de Fortuño no eran como los de Rosselló en el 2008, por ejemplo.

Lo que más asombra aquí es la paradoja entre el candidato y sus fanáticos. El candidato promete nuevos estilos y sus fanáticos lo promueven con estilos rancios. El fanatismo los convierte en portavoces contraproducentes de su candidato, como dijo el creador del término Bernie Bro.

Las primarias son en dos semanas y veremos a los Bernie Brokis insultando a los que apoyan a Hillary. Los veremos abochornando a la gente buena que apoya a Bernie. Y los veremos protestando, probablemente sin fundamentos, si Hillary gana la primaria.

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