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Aceite y Vinagre

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El que no tenga el valor de sacrificarse por lo menos debe tener el pudor de callarse ante los que se sacrifican.” 

José Martí

 

Puerto Rico es un país ocupado desde hace más de 500 años, los últimos 118 bajo el dominio estadounidense.  Estados Unidos entró a tiro limpio y nos tomó como botín de guerra, sin que el parecer de los puertorriqueños que habitaban la Isla le importara mucho.  A partir de ese momento, mientras esperábamos las bienaventuranzas de la democracia estadounidense, los nuevos conquistadores continuaron los haberes de sus predecesores y en ese afán han saqueado el territorio, utilizado a los puertorriqueños y a las puertorriqueñas como conejillos de India y como carne de cañón, desplazado a pequeños y medianos agricultores de sus tierras, contaminado nuestros bosques y nos han sumido a la dependencia económica y peor aún en alianza con los mezquinos que se han prestado a hacerles el caldo gordo, fomentado el miedo a la libertad.

Durante 100 años han buscado distintos artilugios para retener el territorio:  la ley Foraker, la ley Jones, la ley 600 y la constitución del Estado Libre Asociado, que ni es estado, ni es libre ni es asociado.  Sabemos, pues lo estamos viviendo, que el país está en quiebra.  Una quiebra en las aspiraciones democráticas de los puertorriqueños y en la capacidad económica del país para cumplir con las deudas que han servido para sostener el gobierno colonial que por décadas ha hecho malabares para intentar sostener la presencia estadounidense en el país.  Los gobernantes del PPD y el PNP han sido los mejores amigos e incondicionales aliados del colonialismo y el sistema que carcomen poco a poco el bienestar de las futuras generaciones.

Ante el descalabro económico de Puerto Rico, el Secretario del Tesoro de Estados Unidos ha dicho que viviremos por una crisis humanitaria. La solución propuesta por ese gobierno ha sido proteger los intereses de ese país y vivir del empobrecimiento de los puertorriqueños.  Esto se hace burdamente.  El país es testigo, ya ni disimulan.

Estados Unidos recurre a la insensibilidad moral del profeta del imperialismo, Rudyard Kipling y hace hoy más que nunca lo que en los denominados “casos insulares” se construyó al exponer que Puerto Rico es “foreign in a domestic sense”, “appurtenant and belonging to but not part of.”  El último capítulo del triste drama colonial puertorriqueño recibe un nuevo nombre, lo llaman PROMESA.  En resumen la PROMESA lo que hace es invertir la responsabilidad del territorio y responsabilizar sobre la quiebra del fatulo modelo económico implementado en la Isla a los puertorriqueños, para así retomar el control de las finanzas públicas y ponerlas al servicio de los grandes intereses para que no pierdan ni una peseta aunque ello se lleve por el medio a todo un país.

Obliga entonces que en medio de un proceso electoral como el que se enfrenta el país en varias semanas, los electores sepan dónde colocan sus esperanzas. ¿Deberá quien nos represente servir los intereses que históricamente se han servido con la cuchara grande a costa del desarrollo del país?  ¿O, por otro lado, combatir con todas las fuerzas que tiene la presencia de la Junta de Control Fiscal que nos llega como consecuencia de la PROMESA estadounidense?  Nuestra realidad hace más patente que nunca el planteamiento sustancial propuesto por don Pedro Albizu Campos, cuando nos llega el momento de la definición suprema “o yanquis o puertorriqueños.”

Más que darles aceite, para un poco palear el vinagre que históricamente se nos ha dispensado, el Partido Independentista Puertorriqueño a través de su candidata a la gobernación María de Lourdes Santiago, sus candidato por acumulación a Senado y Cámara, Juan Dalmau y Denis Márquez respectivamente, así como los más de mil candidatos a puestos electivos en toda la Isla, y todo el liderato independentista repartido por la extensión territorial puertorriqueña han decidido combatir a la Junta de Control Fiscal y a su PROMESA.  ¡Lástima sería que los patriotas nos dediquemos a hacerles suave al americano el trabajo de exprimir a los puertorriqueños!  ¡A la Junta ni agua! ¡A la Junta ni un papel!  Hacer lo contrario sería traicionar al Pueblo, a los que antecedieron, a quienes han mantenido encendido la llama de la Libertad a pesar de la tormenta que ha significado el colonialismo.  El liderato del Partido Independentista Puertorriqueño ha decidido no traicionar al pueblo puertorriqueño y en ese afán utilizaremos nuestras fuerzas para seguir el mandato de Betances, De Diego, y nuestro fundador, Gilberto Concepción de Gracia de luchar por la independencia en lugar de sostener con nuestras acciones un sistema que representa la podredumbre, la ignominia, el aislamiento y que condena a todo un país a la vulnerabilidad ante los caprichos de intereses ajenos a los nuestros.  En ese contexto, no esperen que los candidatos del PIP le demos pan con aceite a quien nos avasalla.  ¡A PROMESA, vinagre!

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