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¿Cambia solo el año?

Desde hace unos días estaba inclinado a escribir una reflexión relacionada precisamente al inicio del nuevo año, pero más que nada como reacción a aquellos con una visión un tanto pesimista que se refleja en los usuales comentarios, a veces despectivos contra un año que está por culminar.

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Aclaro que no lo hago para criticar a nadie, sino como una invitación a reflexionar.

Sin duda, el 2016 estuvo marcado por sucesos negativos, pero eso no es noticia nueva, ni en el plano colectivo, ni individual. Por más bien que le fueran las cosas a una persona en el 2016, eso no cambió la realidad que vivimos como país.  Y aun si la Isla hubiera experimentado un mejor año, eso no hubiera cambiado la realidad de que en el plano individual, hubo gente que enfrentó diversas crisis y pérdidas.

Muchas veces, cuando intentamos de llevar un mensaje de aliento, y sobre todo para ‘sacudir’ a aquellos que pueden tener una visión pesimista, el mensaje es recibido con desdén por algunas personas, y hasta es minimizado con la excusa de que, quien ofrece un punto de vista optimista, lo hace porque todo en la vida le marcha sobre ruedas y no ha sufrido ningún problema.

Nada más lejos de la verdad. Por eso, el mensaje de un amigo que leí ayer, 1 de enero de 2017, me sirvió de pie forzado para esta reflexión y me parece que derrumba ese débil argumento.

Es el mejor mensaje, entre los que me topé estos días relacionados al 2016, que pude haber leído.

¡El 2016 fue un año duro! Comenzó con el adaptarme a la nueva vida luego perder mi trabajo, después murió mi querido padre y los retos no pararon con todo lo que implicó abrir un negocio en esta bella Isla. A pesar de todo, doy gracias a Dios por lo aprendido”, escribió en su cuenta de Facebook este amigo, quien me dio autorización para compartir su mensaje cuando lo abordé con la idea de utilizarlo para mi reflexión.

Opté por obviar su nombre para guardar su intimidad al exponer públicamente el tema. En el mensaje, él continuó dando gracias a Dios por su madre, sus otros familiares y su esposa.

Dio gracias por el crecimiento de su matrimonio y el apoyo de su esposa. También tuvo espacio para pedir por su madre y para dar gracias a sus amigos por el apoyo.

La persona promedio se hubiera refugiado en la lamentación o la queja, haciendo alusión a las “malas rachas” o que “todo me cayó encima a la vez”. No quiero minimizar el dolor ajeno. Pero la realidad es que muchas veces es la queja, la crítica y la autocompasión, las que convierten los problemas en interminables, pues la persona sigue dando vueltas en lo mismo y llega a ensimismarse tanto en su situación adversa, que pasa por alto las oportunidades de levantarse.

Es como el individuo que sufre el rechazo recurrente de una persona, y dicho individuo se enfoca tanto en tener la aceptación de quien realmente le está haciendo daño, que no reconoce a los que en verdad lo aman y le rodean.

Pero cuando tenemos a alguien que ha vivido en carne propia el dolor, ya sea por una pérdida, enfermedad o algún problema mayor,  y a pesar de eso enfrenta la vida con renovadas esperanzas cada día, esa persona, como mi amigo, derrumba con su testimonio el débil argumento de que solo pueden tener fe los que han triunfado y todo les ha ido bien.

Después de escuchar varios comentarios en estos días ‘pidiéndole’ al 2016 que se largara (lo que suele decir alguna gente todos los años y volverán a repetir algunos al final del 2017), me hizo reflexionar el mensaje que leí en Facebook en la mañana del primer día de 2017. Me hizo pensar en que esa debe ser nuestra actitud. Y no tiene que depender de nuestras circunstancias.

No estoy diciendo que debemos caer en negación ante los problemas. Por las pérdidas, como la muerte de un ser amado, se llora, y se tiene que vivir el proceso de duelo el tiempo que sea necesario. La ruptura de una relación, también provoca una especie de duelo similar incluso al de una muerte. La pérdida de un trabajo no es fácil de asimilar para nadie.

En resumidas cuentas, nadie se deleita en los problemas.

Pero no podemos despacharlo todo como si pudiéramos personificar a un año en particular, en este caso el 2016, y echarle la culpa de todo. Porque muchas veces son nuestras actitudes las que tienen que cambiar, y no precisamente las circunstancias. Una mala actitud puede espantar y dar al traste con las mejores condiciones, por más buenas que sean.

Una persona que siempre se está quejando y criticando, tarde o temprano no podrá sostener relaciones. Un individuo negligente e irresponsable, no podrá preservar los empleos, por mejores condiciones que se presenten en el campo laboral. Y aun cuando lo que le suceda no sea su culpa, la persona sí se puede decidir entre aceptar vivir atribulado toda la vida, o levantarse y continuar adelante.

Si bien el mensaje de mi amigo me dio el pie para esta reflexión, el fundamento sólido nos lo brinda la Palabra de Dios, y en especial el verso bíblico que leí también ayer. Con eso en mente miro al futuro en este 2017, convencido de que Dios está en control, por difíciles que sean mis circunstancias, o aun por lo perfectas que se presenten.

“Pues estoy a punto de hacer algo nuevo. ¡Mira, ya he comenzado! ¿No lo ves? Haré un camino a través del desierto; crearé ríos en la tierra árida y baldía”. (Isaías 43:19)

El Señor pregunta ¿No lo ves?, y es como si nos estuviera redarguyendo precisamente porque estamos tan enfocados en nuestros problemas, que perdemos de perspectiva todo lo bueno que hace por nosotros, y también que aun en medio de la crisis, Él también está de nuestro lado.

Es que estamos acostumbrados a medir el favor de Dios únicamente por lo que nos da, y ni siquiera se nos ocurre pensar que en el mundo real, tendremos problemas y tribulaciones. No se nos ocurre pensar que salir adelante y recuperarnos de una crisis, como puede ser una enfermedad o una pérdida, puede ser también la muestra de que Dios estuvo presente asistiéndonos, dándonos fuerzas, resistiendo.

Esa frase del versículo anterior, “Haré un camino a través del desierto”, ¿no es acaso la muestra de que Dios está y estará con nosotros, de nuestro lado, indistintamente de cuál sea la circunstancia? ¿O es que para ser agradecidos con Dios, y en general para vivir con gratitud, pretendemos que todo nos tiene que salir bien?

¿No será acaso esto último una actitud de prepotencia?

Dios prometió, “crearé ríos en la tierra árida y baldía”, no que todo nos saldrá a pedir de boca.

En su Palabra Dios nos advirtió, en Juan 16:33, lo siguiente: “Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo”.

Oro a Dios que esa actitud que demostró mi amigo en 2016, sea la que yo pueda imitar indistintamente de mis circunstancias. Oro que el Señor pueda darme la fe en el día de la tormenta, porque he aprendido que aun la fe que yo pueda decir tener, proviene de Él mismo, pues es un don.

Pido al Señor que me ayude a cambiar. Que en lugar de la queja y la crítica, me lleve a actuar de manera piadosa, de acuerdo a la voluntad de Dios. Que en lugar de solo anhelar un cambio, me conceda voluntad, perseverancia y dominio propio para actuar. Pues arrepentimiento, no es arrepentimiento si no hay cambio de conducta ni de comportamiento.

Que mis críticas por las circunstancias y contra otras personas (verbales o de pensamiento) cesen y mi corazón sea transformado. Que la falsa humildad que a veces nos atribuimos, sea confrontada por tu Espíritu Santo y sea llevado a una genuina humildad que me permita ver la grandeza de tu santidad, mi pequeñez delante de ti, mi pecado, y la necesidad que tengo de ser cada día más dependiente de ti.

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