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La trampa de gas natural

Durante los pasados meses se viene dando una lucha por el futuro de los Autoridad de Energía Eléctrica (AEE). Como planteé anteriormente en este espacio, hay un monstruo de tres cabezas que está rondando esta importante y maltrecha corporación pública: por un lado, la Junta de Control Fiscal (JCF) y los bonistas, por otro el gobierno de Rosselló y, por otro lado, el congresista Rob Bishop, presidente del comité con jurisdicción sobre los asuntos de Puerto Rico en el Congreso. El movimiento de la AEE, en contra de todos los pronósticos, hacia el gas natural es sin duda una gran victoria para este último, pero una derrota para el país y para nuestros intereses como consumidores.

Con los más recientes cambios, especialmente la entrada de José Ortíz como “nuevo” CEO, la AEE ha venido dando un giro en su discurso y en su política pública en el que abandona su “interés” y el de la administración Rosselló en promover el uso de fuentes renovables de energía en el proceso de “transformación” de la entidad. Ahora Ortíz y la AEE le darán prioridad a la conversión a gas natural de las unidades 5 y 6 de la Central de San Juan, junto a las centrales de Mayagüez y Aguirre. De hecho, en alguno de los escenarios contenidos en un borrador circulado del Plan de Integrado de Recursos (PIR) de la AEE se revive el escenario de un gasoducto que conecta a Ecoeléctrica con Aguirre y que cruza la isla para conectar a San Juan y Palo Seco. En una vista pública la semana pasada en el Senado, Ortíz indicó que la fórmula de fuentes de energía que espera conseguir para la AEE en los próximos 5 años es de 50% gas natural, 40% renovables y 10% de carbón. Admitió que así sería por lo menos durante los próximos 30 años. Aquí esta la trampa.

Durante los pasados 10 años, el gas natural se ha visto como un combustible “puente” para las fuentes renovables. Esto se debe a varias razones. En primer lugar, la volatilidad del costo del barril de petróleo durante la década anterior y las limitaciones regulatorias impuestas por Obama con relación a las emisiones de CO2, le quitaron el atractivo al petróleo como principal combustible de generación de energía. En segundo lugar, la forma de extraer gas natural del suelo a través del método del fracking creó un boom en esa industria abaratando los costos de ese combustible. La gran disponibilidad de gas natural en Estados Unidos y sus bajos niveles de contaminantes, relativos a los del carbón y el petróleo, hicieron del gas natural el combustible perfecto para su explotación en lo que se desarrollaba la industria de renovables, que era más cara en aquel entonces. Es por esta razón que el mercado de gas natural se convirtió en el principal dentro del sector de energía. Pero la verdad es que esta realidad está cambiando radicalmente.

El costo de producción, instalación y mantenimiento de paneles solares o turbinas de viento se ha reducido dramáticamente y se prevé que sigan disminuyendo gracias a los desarrollos en el área de innovación de estas tecnologías. Realidad que se extienda al componente de baterías y almacenaje de energía. Por ejemplo, la energía solar ha visto una reducción en su costo de 72% en el MWh y la energía eólica un 47% en el MWh entre el 2009 y el 2017. Esa reducción ha puesto a competir por primera vez de tu a tu a las energías renovables con la industria de combustibles fósiles como el gas natural. Esto ha propiciado que reguladores en Arizona, Minnesota, New Orleans, Colorado, Michigan, Nevada y New Jersey hayan rechazado en el pasado año planes de expansión de uso de gas natural y promovido de forma agresiva la energía solar o eólica. Por esta razón, el momento de apostar a las renovables es precisamente ahora que se habla de microredes y resiliencia en nuestro sistema. Eliminando la quema de carbón de AES y manteniendo una presencia de gas natural para cargas criticas como hospitales, industrias y servicios esenciales.

Pero el congresista Bishop, con la ayuda de Jenniffer González, parece que tiene otros planes. En varias ocasiones ha dicho que quiere que Puerto Rico se convierta en un hub de gas natural para el Caribe. Algo que no hace sentido si se tiene en cuenta que en Puerto Rico no existe gas natural, por lo que tendríamos que importarlo, suplantando nuestra dependencia del petróleo por la de gas natural. Lo que, a juicio de Cathy Kunkel analista del Institute for Energy Economics and Financial Analysis (IEEFA) “no va a resolver los problemas financieros de la AEE, especialmente de balance presupuestario”. (Escucha la entrevista en mi podcast La Ventana, AQUÍ) A quien único esto beneficia es a los intereses que financian las campañas de Bishop, quienes hasta junio del 2018 le habían donado $50,000 provenientes de la industria de gas natural y petróleo. Rob Bishop no se conforma con arrebatarnos el gobierno propio con PROMESA y la JCF, también nos quiere mantener en la dependencia de combustibles fósiles para favorecer a sus donantes e intereses económicos.

Así las cosas, Puerto Rico queda desprotegido nuevamente ante intereses que son ajenos a los nuestros y que solamente pretenden ganar dinero de nuestra desgracia colectiva. En momentos en que debemos aprovechar la oportunidad de romper nuestra dependencia de combustibles fósiles, tenemos que combatir las pretensiones del congresista Bishop que, con la ayuda de invertebrados locales, pretende dejarnos a merced de un mercado de energía que no controlamos y no se ajusta a nuestra realidad. No podemos seguir pateando la lata para que la próxima generación sea la que haga el movimiento tardío a fuentes renovables. Nos toca hacerlo ahora y asegurarnos de que sea así por todos los medios posibles. No caigamos en la trampa de gas natural.


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