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El “nuevo pacto social” de Rosselló

El filósofo francés Jean-Jaqcues Rousseau, publicó en el 1762 el primer tomo de su trabajo teórico más importante, El contrato social o principios del derecho político. Los fundamentos discutidos en esta obra le dieron vida a las revoluciones americana, francesa y haitiana. Uno de los planteamientos más importantes de Rousseau lo es la existencia de un “contrato social” que se pacta en el momento de la creación del Estado. En resumen, durante el proceso de la creación del Estado (gobierno) el ser humano abandona su “estado natural” a cambio de disfrutar los beneficios de vivir en sociedad y buscar el bien comúm. Esta es la teoría que está detrás de los derechos políticos de los ciudadanos. Derechos que se han expandido a diferentes facetas de la vida en sociedad, como por ejemplo el derecho de los trabajadores a no ser explotados por sus patronos, la jornada de 8 horas y el tiempo por enfermedad. Medidas que intentan establecer un balance entre los miembros de una sociedad que tienen intereses encontrados. En Puerto Rico, ese balance se está quebrando en favor de unos pocos afectando a la mayoría del pueblo.

En una línea olvidada en la página 21 de su mensaje anual a la Asamblea Legislativa, el pasado 5 de marzo, el gobernador Rosselló nos dijo que su “Agenda de Cambio y Transformación” incluye un “nuevo Pacto Social”. Paso seguido presentó sus ideas sobre el desmantelamiento del sistema público de educación a través de las escuelas chárter y la entrega de la reforma de salud en su totalidad a las aseguradoras. También mencionó de pasada y para sorpresa de muchos, que se proponía presentar una segunda reforma laboral. En otras palabras y tomando el significado de la palabra “reforma” en este gobierno sabíamos que no traería nuevos derechos ni beneficios. El secreto quedó develado el pasado miércoles durante una reunión televisada del gabinete junto a un grupo de empresarios. La Segunda Reforma Laboral era un hecho y es peor de lo que se podría esperar para los trabajadores de la empresa privada.

Con la Segunda Reforma Laboral, se reducen a 7 los días de vacaciones, de 15 que eran posibles en el 2016. De 12 días por enfermedad que teníamos en el 2016 se reducen a 7. En el caso del bono de navidad, en el 2017 solo se necesitaban acumular 700 horas trabajadas, con la primera reforma 1,350 horas y ahora con la segunda reforma laboral queda a la total discreción del patrono, a través de un crédito por Hacienda. Esto a cambio de un aumento de $1.00 en el salario mínimo. Un dólar que se lo tragará el costo de vida y las contribuciones que se pagan en Puerto Rico. Esta propuesta es una burla a los cientos de miles de puertorriqueños que trabajan uno y dos trabajos y como quiera viven bajo el nivel de pobreza. Esos datos los discutiremos en un próximo blog.

Al contrario del pacto social esbozado por Rousseau, el de Rosselló elimina derechos y elimina cualquier oportunidad de balance o de juego justo para los trabajadores, especialmente jóvenes que necesitamos que se sumen a la fuerza laboral. De hecho, estas medidas se presentan sin haber estudiado el impacto de la primera reforma laboral. Al igual que la primera, la segunda no viene a fomentar la participación laboral. Mucho menos fomenta la innovación ni la inversión en investigación y desarrollo de nuevos productos, que es la manera de fomentar riqueza y generar empleos en el Siglo 21. Definitivamente, esta propuesta no nos hace más productivos o competitivos. Todavía estoy esperando que alguien nos hable de los efectos de la eliminación de los feriados sobre la productividad o el producto bruto en una sociedad a la que le urge esparcimiento y descompresión. ¿Recuerdan los miles de empleos que no se crearon con la eliminación de la ley de cierre?

Así las cosas, Puerto Rico no puede permitir la implantación de más medidas de austeridad o que nos sigan quitando derechos ganados con sacrificio, sudor y sangre. El “nuevo Pacto Social” de Rosselló le quita derechos a los trabajadores en favor de una clase empresarial indolente que se resiste a llevar su parte de la carga en medio de la crisis. Rosselló trastoca el fino balance del que depende una sociedad llena de desigualdad y falta de oportunidades, como la que nos ha tocado vivir y tenemos que transformar. Pensemos un poco más como el filósofo francés y menos como el gobernador.


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