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Alternativa cooperativista a la privatización de la AEE

El gobernador Ricardo Rosselló, con su propuesta de privatización de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), nos pretende hacer creer que esta es la única alternativa para tener un sistema eléctrico confiable, resilente, que reduzca los costos de energía en Puerto Rico y nos haga más competitivos. Esto no es cierto. Especialmente si tomamos en cuenta de que la propuesta de Rosselló sustituye un monopolio público por uno privado y en donde se pretende eliminar o aguar la figura del regulador independiente como la Comisión de Energía. La única forma de romper con esta trampa es impulsando la alternativa cooperativista en el nuevo modelo energético en Puerto Rico.

Esta opción, contemplada en el Proyecto del Senado 865 de la senadora Rossana López León y el senador Vargas Vidot, permitiría el establecimiento de cooperativas de energía tanto en el sector de producción, especialmente en el área de energía renovable y en la transmisión y distribución de energía. A través de esta alternativa los socios de la cooperativa (los clientes) serían los dueños de la proveedora de servicios energéticos, la cuál debe responder exclusivamente a los intereses de los socios y la comunidad en general. Respetando también los principios cooperativistas de democracia, igualdad, ayuda mutua y solidaridad, ente otros. Esta es una visión diferente de la transformación de la AEE y de Puerto Rico. Contrario a la visión del gobierno de Rosselló de que las corporaciones y el mercado serán los que velen por el bien común de los ciudadanos, cuando en realidad velan únicamente por sus ganancias en esta ola de capitalismo salvaje promovida por ellos.

La realidad es que ninguna de las llamadas “soluciones de mercado” que la administración empuja después del Huracán María vienen a atender de verdad los problemas que supuestamente quieren resolver. Las escuelas chárteres no vienen a mejorar el aprovechamiento académico de los estudiantes. No existe evidencia de mejoramiento sustancial generalizado alguno. Vienen a privatizar la educación para el lucro de pocos con fondos públicos. El Plan de Salud se lo entregan por completo a las aseguradoras y sacarán a miles de pacientes del sistema y limitarán cubiertas de los que queden con los recortes de $625 millones en 5 años. En el tema energético la historia no es diferente. Como hemos planteado en este espacio, nada bueno puede surgir de cambiar un monopolio público por uno privado. Especialmente si se penaliza de manera irrazonable y onerosa a las personas y las comunidades que se desconecten de la red eléctrica (grid), creando en la práctica un impuesto al sol.

Esta penalidad o impuesto les aplicaría a los ya miles de puertorriqueños en decenas de comunidades que se han desconectado de la red en busca de soluciones particulares luego del paso del paso de María. Comunidades, muchas de ellas, que no tienen servicio eléctrico inclusive desde el paso de Irma. Ese movimiento, como el que lidera Casa Pueblo en Adjuntas y otras organizaciones alrededor de la isla es el comienzo de la implantación de las famosas micro redes que sin una alternativa cooperativista no tiene sentido ni futuro. La gente está tomando en sus manos su futuro energético. ¡Ese movimiento no lo detiene nadie! ¿Por qué vamos a crear micro redes para que las administre una sola compañía? ¿No caeríamos en los mismos problemas que tenemos hoy, especialmente después de catástrofes naturales?

Este modelo cooperativo no es para nada nuevo y en Puerto Rico tenemos la experiencia de una robusta industria cooperativista que podría aprovechar esta oportunidad de crecimiento y diversificación. En la isla contamos con cerca de 1 millón socios de cooperativas y existen 116 cooperativas de ahorro y crédito, que manejan cerca de $8,500 millones en activos y son acreedores del gobierno y la AEE. ¡Capital puertorriqueño! Este movimiento se ha expandido a cooperativas de vivienda, consumo y comerciales ente otros. Por su parte el modelo de cooperativas energéticas opera con éxito en España, Alemania, Chile y Costa Rica, entre otros. En el caso de Estados Unidos las cooperativas energéticas producen el 5% de la energía que se produce anualmente y 897 cooperativas sirven a 42 millones de personas en 47 estados, especialmente en entornos rurales como lo es Puerto Rico.

Así las cosas, no podemos caer en la trampa que facilitan la destrucción y lenta recuperación del Huracán María. Existen modelos alternos para transformar la AEE y transformar a Puerto Rico, que no son necesariamente entregar nuestras instituciones o nuestras almas a las corporaciones y el capital extranjero. Existen soluciones que pueden ser desarrolladas por nuestra gente y coexistir a través del trato justo y en un terreno de juego nivelado. La alternativa cooperativista en la generación, transmisión y distribución de energía, es una de esas opciones que deben estar disponibles para la gente.


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