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El fanatismo político y los peligros a tu empleo

La manufactura produce los mejores empleos de nuestra maltrecha economía. Son los empleos mejores pagados y con los mejores beneficios, que compensan la mano de obra puertorriqueña, que es educada, altamente especializada y con experiencia en el desarrollo de productos de alta calidad. Se estima que este sector representa cerca de 225 mil empleos directos e indirectos. Como si el argumento a favor de empleos de calidad no fuera suficiente, los impuestos que pagan en Puerto Rico las empresas de manufactura foráneas representan el 20% de los ingresos del fondo general. De este fondo, se pagan: pensiones, la tarjeta de salud y los salarios de los empleados públicos, entre otros. Con estos datos, parecería lógico que el gobierno, en las circunstancias que vive Puerto Rico, delineara una estrategia integral para defender estos empleos ante cualquier amenaza. Este no es el caso del Gobierno Rosselló, que está secuestrado por el fanatismo político y la obsesión por la estadidad, poniendo miles de empleos en peligro.

Este pasado sábado a eso de las 3:00 am, hora de Puerto Rico, el Senado de Estados Unidos aprobó su versión del proyecto de Reforma Contributiva, luego de dos días de debate y una serie de irregularidades denunciadas por senadores demócratas. Este proyecto, que es muy similar a la versión de la Cámara, establece varias cosas, todas muy dañinas para Puerto Rico: un impuesto de 12.5% a los activos no tangibles (propiedad intelectual) o una tasa mínima global de 10% para las empresas foráneas (CFC), como las establecidas en Puerto Rico. Abre también, una ventana obligatoria para repatriar ganancias a sus empresas matrices en Estados Unidos.

La gran diferencia entre las versiones de Cámara y Senado es que la versión de la Cámara establece además un impuesto de 20% a los productos que se venden en Estados Unidos, provenientes de CFC’s con matrices en los propios Estados Unidos. Cualquier variante que se apruebe de estas medidas, que pasan ahora a Comité de Conferencia, tendrían consecuencias peores que el efecto combinado de los huracanes Irma y María para nuestra economía y los empleos que dependen directa o indirectamente de la manufactura en Puerto Rico.

Mientras esta discusión se desarrollaba en Washington, el gobierno PNP, en contra de todo sentido de racionalidad, decidió que era momento de retomar la discusión del status y la obsesión por la estadidad. Sin importar las consecuencias económicas, solicitaron al Congreso que trataran a Puerto Rico en la Reforma Contributiva como un estado, rechazando tratos contributivos especiales, abriendo las puertas a la imposición de contribuciones federales en Puerto Rico, no solo para estas empresas, sino hasta la “ferretería de la esquina”, como dijo el exsecretario Zaragoza la pasada semana y confirmó hoy el presidente de la Cámara de Representantes, Johnny Méndez. Todo a cambio de nada. Aprobaron además en la Cámara, un proyecto para “garantizar el voto por el presidente y el vicepresidente de los Estados Unidos”. Derecho que no disfrutan, tan siquiera, los ciudadanos americanos residentes en los 50 estados. ¡A 75 días de María, se volvieron locos!

Esta falta de enfoque, en los momentos determinantes que vive Puerto Rico, no es producto de otra cosa que no sea el fanatismo político y la obsesión ideológica que nubla el entendimiento de los funcionarios de ese partido cuando llegan al poder, como bien advirtieron, el Dr. David Bernier y el Lcdo. Héctor Ferrer, en la pasada contienda electoral. Puerto Rico necesita estabilidad, ya no tan solo para recuperarse de la crisis económica. Necesitamos estabilidad política para recuperarnos del azote de María, sin perder visión de futuro, pero con manos firmes en las herramientas, muchas o pocas, buenas o malas, que tengamos hoy a nuestra disposición. Otras herramientas no están disponibles en el futuro cercano. La estadidad ni la soberanía están disponibles para un país quebrado ni destruido como lo está Puerto Rico hoy.

Así las cosas, esta semana seguirá su curso en Comité de Conferencia la Reforma Contributiva federal. Allí se tratarán de hacer enmiendas para suavizar los efectos de esta medida sobre Puerto Rico, en un ambiente difícil y de por sí complicado. Los cambios que se hagan al proyecto, deberán garantizar los votos en el Senado y no seguir abonando al déficit gubernamental, que ha sido el último escollo superado a última hora del viernes. Es en este escenario que necesitamos más desprendimiento ideológico y menos fanatismo político. De lo contrario peligran nuestros empleos.

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