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Gobernador: no es tiempo de show

En 1920, el presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson removió de su puesto de Post Master de Primera Clase de Portland el Sr. Frank S. Mayers, a quien le faltaba algunos meses para cumplir su término de 7 años. La ley que creaba este puesto establecía que podía ser “nombrado y removido con el consejo y consentimiento del Senado.” Acto seguido, Mayers demandó al gobierno y al presidente, ya que entendía que su remoción del cargo fue un acto ilegal. Planteaba que el presidente, quien lo había nominado, sólo podía removerlo con el consentimiento del Senado como establecía la ley. Es en este caso de Mayers vs. United States, donde queda claramente establecido que el poder de remover oficiales bajo la supervisión del presidente es inherente a su poder de nombramiento, según dispuesto por el Artículo II de la Constitución de los Estados Unidos.

En Puerto Rico, fue Muñoz Marín quien siempre tuvo claro desde el principio, el poder y la responsabilidad del cargo de gobernador y de quienes lo acompañaban en esa tarea. Dialogando con mi padre, sobre los asuntos de la semana, recordamos que éste era quién más duramente utilizaba este poder cuando la confianza personal o pública se quebrantaba. Así se desprende de la carta de remoción de Don Vicente Géigel Polanco, del cargo de Procurador General, el 31 de enero de 1951:

He solicitado y aceptado su renuncia, efectiva en esta fecha, del cargo de Procurador General de Puerto Rico. Como es un cargo de confianza, posiblemente el de la mayor de todo el gobierno, no tengo que entrar en otras razones que la confianza. Sin embargo, me siento obligado a decir, en justicia, que mi falta de confianza no se funda en razones de orden moral…

Como podemos observar, cuando se trata de servicio público no hay espacio para paños tibios ni show mediático. Tal vez pecamos de ser injustos, al establecer como estándar las palabras y las acciones de Muñoz. Pero Puerto Rico vive la etapa más crítica de su historia y necesita que su liderato opere en ese nivel de sofisticación y de lealtad con el país, ante todo.

El jueves pasado, cerca de las 5:00 pm, trascendió como noticia de última hora que gobernador Rosselló había hecho firmar cartas de renuncia, sin fecha, a los miembros de su gabinete en una reunión en donde se “les exigió compromiso y entrega total en el trabajo que tienen realizar para continuar la recuperación de Puerto Rico”. Esto refleja un profundo descontento de parte del gobernador con su equipo de trabajo, producto de la respuesta y el manejo de la emergencia provocada por el Huracán María. Y que no quede duda alguna: la gestión de Rosselló y, por ende, sus posibilidades de reelección, serán juzgadas por la respuesta, hasta ahora ineficiente, a este huracán. El Huracán es el punto de referencia de esta administración.

Ya María se llevó consigo al director de la Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias y Desastres (AEMED), Abner Gómez, que me parece que no tenía la capacidad para manejar una emergencia de esta envergadura. Luego de haberlo enviado de vacaciones por dos semanas, renunció. Pero, ¿por qué no actuó el gobernador? ¿Por qué no actúa ahora? ¡Para eso es el Gobernador!

Me voy a tomar el atrevimiento recomendarle al gobernador por dónde podría comenzar una evaluación de su equipo de trabajo. Personalmente comenzaría dicha evaluación por quienes más ganan, por aquello de ser a quienes más se les debería exigir. Les acompaño algunas acciones y noticias recientes de referencia para facilitar dicha evaluación, que debería culminar en la remoción de sus cargos:

Así las cosas… está claro que el gobernador no tiene que esperar por nada y ni nadie para hacer los cambios que tiene que hacer en su equipo de trabajo. Los poderes los tiene. Lo que tiene que hacer es ejercerlos. Si alguien le falló a su confianza o no cumple las expectativas del pueblo: remuévalo. Con una evaluación somera de las acciones y omisiones de su gente, estoy seguro que detectará las fallas a su alrededor. Puerto Rico necesita confiar en sus jefes de agencia. Eso no es negociable, para poder volver a la normalidad y comenzar el proceso de reconstrucción que definitivamente, tiene que comenzar bajo el mandato de esta administración. No es tiempo de show.


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