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Ni cenizas ni carbón

Durante los pasados meses, hemos sido testigos de la lucha valiente de las comunidades de Peñuelas, especialmente de Tallaboa, en contra del depósito de cenizas de carbón en el vertedero industrial que opera en esa localidad. Esta no es una lucha en contra del progreso, la modernidad o por adelantar una agenda ideológica. La lucha tanto en Tallaboa, en Humacao y como la que se debe dar en Guayama con mayor intensidad, es por el derecho a vivir con salud, en un ambiente seguro y sobre todo con dignidad. Principios alineados con los valores de una sociedad liberal y moderna como a la que todos tenemos derecho a aspirar. Al igual que todo en la vida, las cenizas vienen de algún lugar; el carbón.

AES Corporation, empresa ubicada en Guayama y que quema carbón para generar energía que le vende a la AEE, abrió operaciones en el 2002 luego de casi 10 años de intensa lucha por ganar las “mentes y los corazones” de los guayameses, especialmente en las comunidades pobres de la ciudad. No había equipo de pelota o baloncesto, de pequeñas ligas o superior, que no contara con el auspicio de la empresa. A través de esos auspicios que incluía a escuelas, clase graduandas e iglesias fueron estableciendo contactos y comprometiendo lealtades en las comunidades que recibirían el impacto directo de sus operaciones.

En el plano legal, la batalla por obtener los permisos necesarios fue enorme. Siempre existió el cuestionamiento sobre las emisiones y sus efectos sobre la Bahía de Jobos, su flora y su fauna, especialmente sobre los efectos nocivos en la cadena alimenticia de ese importante hábitat. Pero, sobre todo, siempre existió el cuestionamiento relacionado al impacto del producto de la quema del carbón, las cenizas, y sobre la calidad de vida de los residentes de las comunidades aledañas. Aquellas que recibían los auspicios para sus actividades de parte de la empresa. Este escollo fue superado a través de la Declaración de Impacto Ambiental, en donde se estableció que: “ni la ceniza ni sus derivados serían depositados como desperdicios sólidos en los vertederos de Puerto Rico.” Con la condición de que, si no se encontraba mercado para dicho producto, las cenizas iban a ser devueltas a su lugar de origen. Algo que la empresa no ha cumplido al día de hoy.

Desde entonces, AES genera 300 mil toneladas de cenizas al año. De estas cenizas, crearon un producto llamado Agremax, que no es otra cosa que la mezcla de las cenizas con agua de la planta de tratamiento de la AAA de Guayama. Este producto, lo vendieron como relleno para vertederos, caminos y proyectos residenciales, especialmente de bajo costo mayormente en área sur, poniendo en peligro los acuíferos de la zona. A pesar de la comercialización de este “producto,” el cual no tiene salida en el mercado, AES mantiene en su localidad de Guayama, dos enormes montañas con toneladas de cenizas expuestas al viento y los elementos, comprometiendo a las comunidades de Barranca, Pozuelo, Puente de Jobos, Miramar y Mosquito, entre otros, a los componentes nocivos de las cenizas. Los efectos de la exposición a estas cenizas ya se hacen sentir en estas comunidades.

Un estudio epidemiológico del año 2016, realizado por estudiantes de la Escuela Graduada de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico y que comparó las comunidades de Puente de Jobos y Miramar con las de Santa Isidra y Rafael Bermúdez de Fajardo, encontró lo siguiente:

  • La prevalencia de abortos espontáneos es 6 veces mayor en las mujeres de Guayama que las de Fajardo
  • Los adultos mayores de Guayama tienen hasta 9 veces mayor disposición a padecer de bronquitis crónica que los de Fajardo
  • La incidencia de asma entre niños es 5 veces mayor en Guayama que en Fajardo
  • En las comunidades de Guayama 1 de cada 3 personas han sido diagnosticadas con alguna condición respiratoria y 1 de cada 4 con alguna condición cardiovascular

Por si quedaba alguna duda de la toxicidad de las cenizas generadas en Guayama, entre octubre de 2003 y marzo de 2004, una empresa subcontratada por AES para remover las cenizas, depositó ilegalmente cerca de 57 mil toneladas en las zonas costeras de Manzanillo y la Bahía de Samaná en la República Dominicana. Según las autoridades ambientales dominicanas estas acciones causaron abortos, mal formaciones en fetos y recién nacidos, daño cerebral irreversible, condiciones respiratorias en las comunidades cercanas e incluso la muerte de residentes de la zona. A causa de estas acciones el gobierno dominicano demandó a la empresa, un caso que se transó fuera de los tribunales, pero que provocó la convicción un funcionario dominicano por aceptar sobornos de parte de la empresa.

Mientras esto ocurre, el gobierno de Puerto Rico entiende que es mejor engañar a la gente que enfrentar las consecuencias de sus acciones. El pasado 4 de julio el Gobernador Rosselló firmó la Ley 40 que prohíbe “la disposición de cenizas de carbón o residuos de combustión de carbón en Puerto Rico.” Un título convenientemente confuso y engañoso ya que excluye las cenizas mezcladas con agua (Agremax) porque es un producto de “uso comercial beneficioso”, por lo que queda fuera de esta prohibición. Con la firma de esta ley, Rosselló contradice nuevamente su postura como candidato, ya que en agosto de 2016 se había expresado en contra del depósito de cenizas en los vertederos. De esta forma Rosselló y el gobierno abandonan a su suerte a Tallaboa, una comunidad con un ingreso medio de $16 mil anuales, con los desperdicios de un negocio que le deja casi $1 millón diario a AES por la venta de energía a la AEE.

Así las cosas, nos toca a todos seguir luchando desde nuestros espacios y en Peñuelas, y en Humacao y en Guayama, para proteger nuestros recursos, a nuestra gente y nuestro derecho a vivir en salud y con dignidad. Ahora más que nunca, en los momentos críticos que vivimos como pueblo, tenemos que exigir con mayor vehemencia políticas claras y que sean cónsonas con los valores que deben reformular a Puerto Rico. Tenemos que liberarnos del uso del carbón y los combustibles fósiles y movernos en la dirección de las energías renovables. Basta ya, de sacrificar a nuestras comunidades pobres a cambio de las ganancias corporativas. Las futuras generaciones no pueden recibir menos de nosotros.


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