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El daño irreparable a la estadidad

La estadidad ha sido la aspiración, de un sector importante del país, inclusive desde antes del cambio de soberanía en el 1898. Aspiración similar a la que tuvieron cubanos y dominicanos en su momento, islas hermanas y compañeras en el proceso colonial. Con el paso del tiempo, Cuba y Dominicana siguieron el cauce natural de la independencia de España, mientras Puerto Rico se mantenía como botín de la Guerra Hispanoamericana de la nueva metrópolis, Estados Unidos. En el 1917, Estados Unidos entra a la Primera Guerra Mundial y otorga la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños. De ahí en adelante, tomó vida el movimiento estadista moderno que plantea que el cauce natural de Puerto Rico, contrario a las hermanas independizadas, es el camino de la anexión a la nación de la que somos ciudadanos.

El Partido Nuevo Progresista (PNP), heredero de esa línea de pensamiento, desde la gobernación de Pedro Rosselló, ha intensificado y hasta radicalizado su lucha por el ideal de la estadidad. Es Pedro Rosselló, quien declara como prioridad la descolonización de Puerto Rico, para convertirlo en el Estado 51. Decía que tenía un “plan y una visión” que  venía a implantar. Sus acciones como gobernador fueron desde sustituir “Estado Libre Asociado” por “Gobierno de Puerto Rico, en los documentos oficiales, hasta liderar la campaña que formalizó la eliminación de la Sección 936 del Código de Rentas Internas Federal. Un incentivo contributivo que aplicaba el gobierno federal en Puerto Rico, para promover aquí la ubicación de fábricas. Trato especial, incompatible con la estadidad. Golpe del cual, no hemos podido recuperarnos.

Rosselló padre, con sus acciones instauró el fanatismo político, como agenda legítima de gobierno. Fue también, el que echó a un lado los consensos en el tema de status y comenzó la fallida estrategia de imponer procesos unilaterales, mediante el uso desmedido de fondos públicos para “adelantar” la estadidad en Washington y en Puerto Rico.

El proceso “plebiscitario” que concluyó este domingo, es la suma de toda la experiencia del PNP acumulada durante las pasadas décadas y que tienen su inicio en la gobernación de Rosselló, padre. El intento de exclusión de las minorías, el llevar información engañosa al Congreso, al Ejecutivo Federal y a los puertorriqueños. El intento de suprimir el derecho al voto de los electores, eliminando la columna de “Ninguna de las Anteriores” y no contar los votos en blancos o papeletas dañadas. La campaña de miedo al comunismo, a la separación, a la eliminación de derechos adquiridos. En fin, el PNP y Ricardo Rosselló tiraron la casa por las ventanas con el viejo libro de hacer política. Hasta el Gobernador le ocultó al pueblo, que hace más de un mes sabía personalmente que el Departamento de Justicia Federal, no iba actuar sobre el plebiscito si no había un cambio de fecha.

Por estas razones es que el plebiscito se convirtió en el evento electoral de menor participación en la historia de Puerto Rico, luego del referéndum de la unicameralidad. Además de ser el peor resultado de la estadidad en la historia, desde el plebiscito de 1967. Si lo comparamos con el pasado plebiscito del 2012 la estadidad perdió más 331 mil votos. El PNP se quedó literalmente sólo, no solamente porque movilizó únicamente su corazón del rollo, también se quedó solo en Washington. Los medios internacionales reseñaron la victoria de la estadidad, matizada por el boicot y la baja participación en el evento. Mientras la Casa Blanca se zapateó los resultados del plebiscito y refirió el tema al Congreso donde no hay ambiente para actuar, ni tan si quiera en el Subcomité de Asuntos Insulares, en donde la prioridad, según su presidente el congresista LaMalfa es la situación fiscal de la isla.

Así las cosas, la estrategia del gobernador Rosselló y el PNP está destinada a fracasar y a caer por su mismo peso en los pasillos del Congreso. No hay mandato claro producto del plebiscito. Trump no va a actuar sobre los resultados. Al parecer el Congreso tampoco. Ya los medios de Estados Unidos y del mundo le pusieron el sello de “fracasado” al plebiscito. Y el pueblo redujo al plebiscito y la estadidad a “memes” y vacilón. El daño a la estadidad es irreparable.


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