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#MAGABomber: llega la estación de cosecha del trumpismo

Ayer, mientras Trump intentaba distanciarse de la ristra de aparatos explosivos que han sido enviados a no está claro cuantos demócratas que el ha criticado e insultado, y de los cuales ha promovido hasta las mas ridículas conspiraciones y mentiras, el hashtag mas buscado en twitter fue #MAGAbomber. Han proliferado los memes al respecto, y ante la opinión pública está muy claro de que los últimos ataques terroristas provienen de “cierto” tipo de espacio cultural. Como dijo Martin Luther King Jr: “No sabemos quien lo hizo, pero sabemos qué lo hizo”.

A nadie le sorprende que años de discurso rancio hayan provocado a llevar a cabo estos actos contra Obama, los Clinton, George Soros, CNN, Joe Biden, el Gobernador Cuomo, Eric Holden, Maxine Waters y hasta Robert DeNiro–todos los cuales han sido vilificados por Trump y sus seguidores, o han sido abiertamente críticos de Trump.

Por mas que Trump se distancie de los ataques, lo cierto es que a través de su carrera política el ha elegido desatar y empoderar unas violentas fuerzas ideológicas y sociales que ahora son difíciles de controlar. El trumpismo no es solo Trump: hay muchedumbres histéricas, racistas y paranoicas nutriendo a ciegas ideas, resentimientos, odios y teorías de conspiración que ponen en peligro la seguridad nacional, junto a los evangélicos blancos y otras fuerzas (no menos poderosas) que buscan normalizar, enmascarar, legitimar y justificar a los elementos más anti-sociales del trumpismo.

Recordemos que a Sócrates, fueron las muchedumbres fanáticas las que democráticamente lo hicieron matar. Igual, cuando el “profeta” Mahoma masacró a todos los hombres de ciertas tribus judías enteras, fueron las muchedumbres de sus seguidores las que dictaron el veredicto–hecho citado para lavar las manos del profeta de aquellos actos horribles. No olvidemos los actos de las muchedumbres alemanas durante la II Guerra Mundial. Las muchedumbres hoy son otras, pero no son menos peligrosas. Cuando quienes tiranizan son legión, se protegen y encubren unos a otros, se ayudan a no dejar huella, se empeñan en ofuscar toda claridad moral empleando retórica y propaganda, y hasta cantan solemnes himnos de heroísmo o martirio cuando alguien es identificado como culpable por actos de responsabilidad colectiva. Por ejemplo, luego del ataque en Charlottesville, los medios alt-right inmediatamente culpaban a los grupos antifa (que a nadie habían matado) para evitar responsabilizar a la derecha de la muerte de la joven que murió, y nunca vimos un gesto de contrición o empatía de nadie en la derecha. Así funciona la polarización que hoy prevalece.

Por todas estas razones hay que hablar claro sobre los efectos de la polarización que ha formado parte de la estrategia trumpista. El Presidente Trump–que ha promovido y se ha aprovechado de teorías de conspiración nebulosas, y que desde el comienzo de su campaña expresó beligerencia hacia sus oponentes, tanto los famosos como los pequeños–finalmente está viendo hasta que punto sus palabras tienen consecuencias. Tendremos que esperar a las próximas elecciones presidenciales para ver si aprende a controlar su instinto oportunista y a medirlas con mayor cautela.

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