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Anthony Bourdain y la crisis de suicidios

El célebre chef y personalidad pública Anthony Bourdain falleció esta mañana en Francia. Su muerte fue anunciada como un suicidio, aunque no se han dado muchos detalles al respecto. Anthony era cómico y elocuente. Su estilo, que mezclaba el entretenimiento con el amor por la buena cocina, estaba repleto de ironía y cinicismo. Al igual que con el comediante Robin Williams hace varios años, tomó a muchos por sorpresa que una personalidad famosa y muy querida parece haber sufrido suficiente depresión como para quitarse la vida, y esto a solo días luego de que la diseñadora Kate Spade también se suicidara.

El año pasado hubo un incremento de 29% en suicidios reportados en Puerto Rico. El Gobierno de Puerto Rico tiene una Comisión para la Prevención del Suicidio, que emitió estas estadísticas al respecto. El Centro para el Control de Enfermedades reporta que en Estados Unidos, las tasas de suicidio también aumentaron un 25% desde 1999. Está claro que una seria crisis existencial acosa a muchos. Es hora de hablar del tema y de educarnos sobre el problema. Hacen falta conversaciones y campañas públicas amplias e informadas sobre las causas y las estrategias para confrontar cada uno de los factores que contribuyen al aumento de los suicidios en nuestras comunidades. También deberíamos mirar a nuestro alrededor e interrumpir las rutinas de los que exhiban síntomas conocidos de depresión, recordándoles que tienen amigos y que pueden asomarse cuando quiera que necesiten cualquier ayuda.

Hace mas de un año, en el simposio anual de filosofía epicúrea en Atenas, Takis Panagiotopoulos presentó una discusión sobre la eutanasia (que significa “buena muerte” en griego), quizá en parte porque la crisis fiscal en Grecia también ha causado estragos similares a los que se ven en la isla. Está claro que el derecho a una muerte digna auto-elegida es algo natural y deseable, pero solo en casos de enfermedad terminal avanzada, en casos de soldados en agonía en el campo de batalla, etc. Los filósofos epicúreos se conciernen con la calidad de la experiencia del ser sufriente: la vida debe ser placentera para que valga la pena vivirla. Si lo único que queda es agonía y sufrimiento, no vale la pena vivir y la eutanasia se vuelve naturalmente deseable. Esto significa que en medida que la depresión sea prevenible, los suicidios son innecesarios y que la crisis de suicidios es un problema que requiere de estrategias de prevención.

El primer factor fácil de detectar y confrontar es el aislamiento, que no solo podría causar suicidios, sino que también ha sido ligado a problemas de salud física y mental como depresión, diabetes y problemas cardíacos. Un estudio reciente mostró que la soledad es un factor que tiene efectos en la salud comparables a fumar y a la obesidad. Los ancianos que viven aislados exhiben el doble de posibilidad de morir prematuramente que el resto de la población. El hacer buenos amigos y visitar frecuentemente a nuestros viejos amigos tiene, por lo tanto, efectos medicinales. Lo mismo los deportes, sobre todo en equipos donde se nutre la camaradería en círculos íntimos. El ser humano necesita mezclar su mente con otros con cierta frecuencia.

Aunque algunos argumentan que la felicidad es subjetiva y difícil de medir, lo cierto es que por mas subjetiva que sea, tiene efectos concretos en la salud y la conducta, y que muchos estudios han desarrollado métodos de alguna validez para medirla. Un estudio de Dr. Nicholas Christakis para la Universidad de Harvard mostró que la felicidad es contagiosa (y también la tristeza). Un amigo feliz contribuye a un aumento de 25 % en la felicidad de sus allegados mas cercanos y a un 8 % en la felicidad de su pareja, incluso infectando a amigos en círculos concéntricos hasta el tercer grado. Es decir, las emociones tienen–al menos en alguna medida–dimensiones colectivas. Otra estrategia es, por lo tanto, buscar con frecuencia a los amigos más payasos y a los que mejor saben disfrutar la vida. Es más, la risoterapia (la terapia de la risa) va ganando adeptos y hasta está siendo usada para tratar pacientes de cáncer terminal, con evidencia de que reduce el estrés, fortalece el sistema inmunológico y tiene efectos observables en la mejora de salud.

Otra “póliza de seguro” contra la depresión y el suicidio es la auto-suficiencia. No podemos escapar la realidad material que da contexto a nuestras vidas. El dinero sí añade a la felicidad. Un estudio mostró que la felicidad aumenta con el ingreso hasta los $75,000, luego de lo cual es afectada por factores como las relaciones, la salud, etc. Esto significa que los excesos de riqueza no afectan la felicidad. Pero también implica que hay una medida natural de riqueza necesaria: aquella riqueza que nos permite tener la dignidad de todas las cosas básicas que necesitamos para vivir: comida, albergue, salud, un poco de diversión. Es decir, tanto los que se obsesionan con el dinero como los que se obsesionan con el minimalismo viven equivocados. No es mucho lo que necesitamos para ser feliz, pero tampoco ser un pordiosero cualifica como la buena vida.

Seguramente hay otras estrategias que deberían ser parte de este discurso. Hay varias tradiciones de sabiduría y estilos de vida que nos ayudan a facilitar el cultivo de la felicidad: desde el epicureísmo hasta el sumak kawsay (buena vida) de los indígenas de Sudamérica. Pero hay que recalcar que no hay nada como un buen amigo. Luego de computar algunas comparaciones entre cuanta felicidad añade el dinero y cuanta añaden los amigos, el ya mencionado Dr. Christakis concluyó que un amigo feliz vale $20,000. ¡No hay moneda como la social!

Uno de los últimos comentarios públicos de Bourdain sobre Puerto Rico es que “es, claro, fácil de amar, y yo ciertamente amo (a Puerto Rico)”. El también cupo en el corazón de muchos boricuas, que–aunque aprovechemos su muerte para prevenir otras similares–vamos a recordarlo por su vida, no por su muerte.

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