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Puerto-Cripto: el alba de las nuevas monedas

Bitcoin. Monero. Neo. Stellar Lumens. Litecoin. Si suenan como monedas de ciencia ficción, es porque lo son. Los creadores de “neo” se dejaron inspirar por el personaje salvífico de the Matrix, asegurando que su moneda iba a ser “the One”, la salvación del mundo. Monero deriva su nombre de la palabra para “moneda” en el idioma artificial internacional, el esperanto–lengua que hoy tiene millones de hablantes. El futuro está aquí.

Son las nuevas monedas, nietas de las tecnologías de los juegos computarizados y del internet, que emplean el blockchain–un sistema transparente y altamente eficaz de contabilidad digital–y varios otros algorritmos que se han ido perfeccionando con los años para producir cada vez mejores versiones de la moneda digital perfecta para varios usos: monero para la privacidad, ripple y stellar para evitar los costos de intercambio y transmisión de dinero, neo y etherium incorporan contratos, etc.

La revolución de las cripto-monedas digitales es una amenaza para el poderoso cartel internacional de la banca, que por generaciones ha extraído exagerados cargos de poblaciones pobres y económicamente marginalizadas por servicios básicos de uso y transmisión de dinero. No es en vano que las cripto-monedas son alabadas por muchos como una versión monetaria de super-héroes: retornan a la gente el poder de los banqueros. Es más, la moneda stellar tiene un compromiso social y es gobernada por una agencia sin fines de lucro que emite becas a organizaciones que benefician a comunidades pobres. Porque aunque las cripto-monedas son en gran medida hijas ideológicas del anarco-capitalismo libertario, logran reflejar diversidad de valores.

Lo cual nos lleva a uno de los temas del momento: “Sol”–antes llamado “Puertopia”–es el nombre del nuevo espacio que se va formando en la isla como resultado de la tendencia de millonarios e inversionistas de cripto-monedas de mudarse a la isla para empezar a sembrar nuevas semillas en esta industria y a la vez proteger sus ganancias del celoso bolsillo del Tío Sam.

Algunos expresan cautela ante la invasión de los cripto-millonarios, y es cierto que la tendencia a la especulación la amerita. Sin embargo, las iniciativas que podrían nacer de su presencia en la isla podrían acarrear enormes beneficios, por ejemplo, en el área de la falta de acceso a capital que sufre la endeudada isla.

Por ejemplo, si se logra implementar en la isla infraestructura de cripto-monedas ligadas al valor de la energía eléctrica, cualquiera que tenga paneles solares estaría, en efecto, creando capital. ¿Suena utópico? Varias iniciativas de monedas ligadas al valor de la electricidad ya existen en el mundo de las criptomonedas: PowerLedger, WePower, SolarCoin y KWHCoin son cuatro ejemplos. ¡Y lo mas que hay es luz solar en la isla!

Se podría incorporar tecnología del blockchain con los LETS (Local Exchange Trading System–que son redes de trueque comunal) y otras redes de monedas locales, a la manera del “hour” que se usa en la ciudad de Ithaca, New York. Muchas comunidades solidarias–sobre todo en Japón–usan “monedas sociales” que permiten que se pueda capitalizar el servicio público. Si un joven ayuda a su vecina anciana a limpiar, le lleva las compras o le corta el cabello, ella le puede pagar con una “hora” o cualquier otra unidad de valor que use la red. El puede gastar esa “hora” incluso en servicios médicos o profesionales que se ofrezcan en la red–porque estas monedas sociales se usan también para facilitar acceso a estos servicios a personas de escasos recursos, y el valor de una hora es el mismo para todos, no importa que servicio rindan. El tiempo es dinero en estas redes económicas-sociales. De hecho, el tiempo siempre ha sido una moneda, como nos recordó el ex-presidente uruguayo Pepe Mujica:

“Cuando tú compras algo con dinero, no estás pagando con dinero, estás pagando con el tiempo de tu vida que tuviste que gastar para obtener ese dinero”.

Si es cierto que quien controla el suministro de una moneda, controla también a la sociedad que la usa, entonces la decentralización que proveen las nuevas monedas podría democratizar el acceso a capital, y por lo tanto al poder. Hoy con nuestras computadoras podemos minar cripto-monedas y muy pronto la luz solar capturada también podría capitalizarse y expresar el valor real que los kilovatios siempre han tenido. No es que no vamos a necesitar a la Reserva Federal para producir dinero con pirámides y símbolos masónicos extraños, pero en la moneda–como en todo ecosistema–cuando se diversifica, disminuyen los riesgos de pérdida catastrófica, a la vez que se fortalecen los nexos mas débiles que componen nuestras redes vitales de interrelación.

Hay otra moneda que, como epicúreo, me veo obligado a mencionar: el amigo. Un estudio del Dr. Nicholas A. Christakis compara cuanta felicidad añade un amigo feliz versus cuanta felicidad añade el dinero, y su estudio concluye que cada amigo feliz añade $20,000 mas o menos en felicidad.

La lección de hoy–cuando las cripto-monedas se hacen parte de nuestra realidad boricua–es que, si adquirimos un entendimiento claro de lo que es el valor, veremos que el valor lo creamos todos. Las monedas de intercambio que usamos podrían mejor reflejar nuestros valores.

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