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Abriendo puertas

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Ayer… nostalgia

Hace una tiempo, los niños brincaban chica y jugaban trompo. Esos niños tomaban jugo de limón sazonado con melao de caña. Se jugaba “A Escondidas”. “Uno, dos, tres, Pescao” Se tenía telefono con dos latas y un largo cordón conectando los potes a distancia, y se hablaba. Las niñas jugaban “Jacks” y con las muñecas de trapo que tenía coloridos vestuarios, confeccionados con los pedazos de tela que sobraban de las costuras y tomando de una vieja falda en desuso.

La Muñeca Fea
Francisco Gabilondo Soler

“Escondida por los rincones,
temerosa de que alguien la vea,
platicaba con los ratones
la pobre muñeca fea.
Un bracito ya se le rompió,
su carita está llena de hollín
y al sentirse olvidada lloró
lagrimitas de aserrín”.

Eran muchas las canciones Infantiles que se escuchaban en la ciudad y en el campo. Se cantaba y se jugaba a la vez. La algarabía de aquellas canciones Infantiles llenaban de alegría el entorno. Se reía. Eran Ejercicios musicales y de juegos, lo cual propiciaba una mejor Salud física y mental. En ocasiones los Juegos finalizaban con alguna merienda: quenepas, mangoes, galletas con mantequilla holandesa, guineos maduros, grosellas o un turrón de azúcar de la Central Azucarera. En mi barrio se jugaba descalzos, cuando llegué al Pueblo era con Tennis o zapatos viejos. Se disfrutaba en cantidad.

“Vestido de ayer
Va lo que sentimos
Cuando te has marchado”…

Un ayer anhelado en el cual con poco se hacia mucho, con imaginación nuestro barquito de papel surcaba los mares de la imaginación y el avión volaba tras una ilusión. Dicen algunos que de recuerdos no se vive, yo creo que se puede revivir, máxime si los recuerdos son gratos, de experiencias creativas, sanas y alegres. La risa es un buen equipaje, la ilusión, una buena compañía, los cantos y juegos, un deleite.

“Donde vas carbonerito,
donde vas a hacer carbón
a la viñañá, a la viñañá,
a la viña del Señor”.

Había una vez y dos son tres, un País posado sobre agua, fue dejando atrás el canto y la poesía, los Juegos y las sanas alegrías.

El Abuelo, con su viejo sombrero verde aceituna, miraba con nostalgia por la ventana de madera, observó en el horizonte un turpial cantar, mientas raudo volaba un pitirre grisáceo de largo rabo. El timbre de la bicicleta se escuchaba, mientras algunos preguntaban donde estaba doña Ana, otros escuchan de la Abuela el Cuento de Pinocho, con gran atención.

“A la limón, a la limón, que se rompió la fuente”...

Y jugaban…

Trato Hecho.

“Oye, pichoncito amigo,

Yo quiero jugar contigo.

-Niño, si quieres jugar,

Ven, sube a mi palomar.

-Me faltan alas, no puedo…

Baja tú, no tengas miedo.

-Sin miedo voy a bajar,

Y jugaré satisfecho,

Pero trigo me has de dar.

-Pichoncito, trato hecho”.

Amado Nervo.

Prof. José Antonio Giovannetti Román

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