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A pesar de que los programas de asistencia social (TANF, PAN, WIC, etc.) fueron creados para combatir la pobreza, la realidad es que han hecho todo lo contrario – fomentar y prolongar la dependencia de los sectores más vulnerables de la sociedad en el gobierno. El problema no se encuentra en las intenciones de estos programas, sino en la fórmula que pretenden utilizar para erradicar la pobreza.

A pesar de que en la última década el gasto en los programas de asistencia social ha crecido en más de un 7% cada año – se espera que para el 2026 el gasto sobrepase $1,000,000,000,000 – la tasa de pobreza a nivel nacional en el 2015 (14.5%) no ha mejorado en comparación con el 1966 (14.7%), fecha que se crearon estos programas. Por lo tanto, los cupones han ayudado a los más vulnerables a combatir la pobreza, pero no los ha ayudado a salir de la pobreza.

Similar a como ocurre en Puerto Rico con muchos programas gubernamentales, el problema con los programas de asistencia social Federal surge de la idea de invertir todo su empeño y su esfuerzo en el gobierno y no en su gente. Estos programas en vez de hacer crecer la economía, hacen crecer el gobierno. Es precisamente esta ideología errada la que ha creado por las últimas cinco décadas un círculo vicioso que no permite que más de un 40% de los puertorriqueños puedan salir de la pobreza. Los números hablan por sí solos.

En Puerto Rico aproximadamente 1,640,000 personas reciben ayudas gubernamentales, mientras que 995,000 personas trabajan. En la mayoría de los casos de quienes reciben ayudas gubernamentales y trabajan no les hace sentido que su salario incremente pues como consecuencia, al incrementar sus ingresos pagarían más impuestos – no cualificando así para los programas de asistencia social.

Por ejemplo, según un estudio del Congreso, una madre soltera con dos niños que gana el salario mínimo ($7.25 la hora)  estaría en peor situación si obtiene un incremento de salario de $3.10 (salario de $10.35 la hora) ya que bajo este nuevo escenario los impuestos de la madre subirían y las ayudas federales se reducirían significativamente. Por lo tanto, a esta madre soltera con dos niños le hace más sentido trabajar por $7.25 la hora o no trabajar y recibir ayudas federales.

Es por esto que la solución para sacar a la gente de la pobreza no puede seguir siendo un incremento desmedido en programas sociales que fomentan el ciclo vicioso de castigar el trabajo, en vez de premiarlo. El gobierno tiene  que empoderar a su gente,  proveerle igualdad de oportunidades y fomentar a través de estos programas la independencia financiera. Hay varias maneras de lograr esto. Veamos lo que a mi juicio pueden ser algunas ideas para lograrlo.

Primero, debemos reformar los programas de ayuda social para que fomenten el trabajo y la auto-suficiencia. Lamentablemente la mayoría de estos programas son Federales y, por Puerto Rico ser una colonia, no tenemos ni voz ni voto en este debate (otra razón por la cual debemos resolver nuestro estatus político).  Afortunadamente el Presidente de la Cámara Federal, Paul Ryan, ha presentado un plan concreto para reformar estos programas con el fin de fomentar la auto-suficiencia, el trabajo y eliminar la dependencia. El Gobernador, Comisionado Residente y la Legislatura deberían inmediatamente apoyar y cabildear a favor de este plan.

Segundo, debemos reinstaurar el “earned income tax credit” local el cual incentiva el trabajo a través de un crédito contributivo. Por razones políticas el mismo fue eliminado en junio del 2013 y debe ser restablecido lo antes posible. En este programa participaban casi medio millón de trabajadores (un poco más de la mitad de la fuerza laboral) y existe a nivel Federal al igual que en la mayoría de los Estados.

Tercero, debemos reformar y despolitizar el sistema educativo para hacer llegar el dinero directamente al salón de clases. La educación y el trabajo son la llave principal para salir de la pobreza. Por lo tanto, le toca al gobierno ofrecer oportunidades iguales a todos sin importar su nivel socioeconómico. Afortunadamente, el sistema educativo público de Puerto Rico no tiene un problema de financiación (el presupuesto del Departamento de Educación y el de la UPR representan sobre el 28% del presupuesto general) pero sí tiene un problema de prioridades. Hay que eliminar la burocracia (al igual que en los programas de asistencia social) y hacer llegar el dinero al salón de clases.

Sobran ideas, hace falta voluntad. Aprovechemos esta crisis para reformar el gobierno y cambiar la filosofía actual de que la mejor manera de resolver los problemas de nuestra gente es incrementando el rol del gobierno en nuestras vidas. Es hora de confiar y empoderar a nuestra gente para que salgan de la dependencia gubernamental y tengan la libertad individual de echar pa’lante.

 

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